Corrida de toros

Cartel de 1900 anunciando una corrida de toros en Barcelona.
Desfile de cuadrillas o "paseíllo" que se celebra al inicio de cada festejo.

La corrida de toros o toreo es una fiesta que consiste en lidiar toros bravos, a pie o a caballo, en un recinto cerrado para tal fin, la plaza de toros.[1]

En la lidia participan varias personas, entre ellas los toreros, que siguen un estricto protocolo tradicional, reglamento de espectáculos taurino, regido por la intención estética; sólo puede participar como matador el torero que ha tomado la alternativa. Es el espectáculo de masas más antiguo de España y uno de los más antiguos del mundo.[cita requerida] Como espectáculo moderno realizado a pie, fija sus normas y adopta su orden actual a finales del siglo XVIII en España, donde la corrida finaliza con la muerte del toro.

Las corridas de toros son consideradas una de las expresiones de la cultura hispánica.[cita requerida] Se practican también en Portugal (donde, a excepción de algunos municipios, no se le da muerte al toro en la plaza desde 1836, durante el reinado de María II), en el sur de Francia y en diversos países de Hispanoamérica como México, Colombia, Ecuador y Perú.

Las corridas pueden clasificarse, según la edad y el trapío del toro que se lidia, en becerradas, novilladas y corridas de toros propiamente dichas, y pueden desarrollarse a pie o a caballo. Si se ejecutan las suertes a caballo, el festejo recibe el nombre de corrida de rejones o rejoneo. Cuando se combinan ambas disciplinas en un mismo festejo, se denominan corridas mixtas.

Orígenes e historia

Cuadro atribuido al pintor flamenco Jacob van Laethem del séquito de Felipe el Hermoso, Castillo de la Follie, Ecaussines (Bélgica) titulado Corrida de toros en Benavente en honor de Felipe el Hermoso, realizado en 1506.

El origen de las corridas de toros en España hunde sus raíces en la cultura grecolatina que es introducida en el proceso de romanización. El culto al toro como divinidad y su sacrificio ritual está constatado en las civilizaciones minoica y otras del mediterráneo oriental desde al menos la edad del bronce. Los romanos, que incorporan a su propia cultura los mitos y divinidades de su zona de influencia, comienzan la conquista de Hispania con su desembarco en Ampurias, en la actual Cataluña, en el contexto de las Guerras Púnicas. La romanización, que comienza en la Tarraconense y se extiende con los siglos a toda Hispania, instaura en la cultura local los juegos y luchas de fieras, en las que el toro era un animal de frecuente intervención, existiendo constancia de luchas contra osos, leones y por supuesto seres humanos.

Durante la ocupación visigoda y en los primeros tiempos del califato omeya, hay cierta oscuridad sobre espectáculos taurinos, aunque la persistencia de los mismos en etapas posteriores dan idea de que la arraigada costumbre pervivió intacta a través del tiempo.

Hay noticias documentadas sobre fiestas de toros en Cuéllar (Segovia) en el año 1215, año en el que su obispo decretó "que ningún clérigo juegue a los dados ni asista a juegos de toros, y sea suspendido si lo hiciera". En el mismo siglo Alfonso X El Sabio prohibió que dichos juegos se celebrasen por dinero, lo cual apunta a la existencia de una "profesionalidad" incipiente entre los dedicados a lidiar reses bravas. Y es que recorrían los pueblos de España los llamados «matatoros» o «toreadores», divirtiendo al público (y cobrando por ello) mediante la práctica del toreo a pie de forma más o menos rudimentaria (sorteando o recortando a los toros, dándoles lanzadas o saltos, etc.). Además, estaban los pajes que, como parte de su servicio, ayudaban a los caballeros a lancear o rejonear a caballo, realizando los quites cuando fuera necesario. Igualmente en el reino nazarí de Granada también se documentan ciertos "juegos de fieras" en la que es probable que participaran toros.

Ya en el renacimiento, en 1542 la ciudad de Barcelona homenajea al príncipe Felipe, futuro Felipe II de España, con "luminarias, danzas, máscaras y juegos de toros". Miguel de Cervantes deja constancia de la cría de reses bravas para estas fiestas en el incidente que sufre Don Quijote de la Mancha quien grita a quien los transporta "¡Ea, canalla, para mí no hay toros que valgan, aunque sean de los más bravos que cría Jarama en sus riberas!", apuntando la existencia de explotaciones ganaderas de intrínseca finalidad taurina.

La prohibición de torear a caballo que en 1723 Felipe V impuso a sus cortesanos, acarreó que los modestos matatoros y los pajes empezaron a torear por su cuenta en las ciudades más importantes y a desatar el entusiasmo del gran público.

Siglo XVIII

Aunque la lidia de toros se practica desde muy antiguo, en la segunda mitad del siglo XVIII se produjeron en España una serie de novedades en su práctica que dio lugar a las corridas de toros en su sentido moderno:

Existieron dos corrientes regionales de cuya combinación surgió el toreo a pie: el ámbito vasconavarro y el andaluz. La tauromaquia vasconavarra se basaba en los saltos, en los recortes y en las banderillas, sin mayor sofisticación, mientras que la andaluza se desarrollaba con lienzos y capas para engañar a los toros. Durante algunas décadas ambos estilos se disputaron la primacía del público, saliendo victorioso el modelo andaluz. De la tauromaquia vasconavarra dejó constancia gráfica Francisco de Goya, que presenció los saltos de garrocha de Martincho, del licenciado de Falces o de Juanito Apiñani en las plazas de Zaragoza y de Madrid. La actual suerte de banderillas es el único legado que ha perdurado de aquel toreo navarro en las corridas de toros, si bien siguen muy vivos los espectáculos de saltos y recortadores en festejos populares.

Pepe-Hillo, figura del toreo de la última década del siglo XVIII, en un grabado de Goya.

Con diversas variaciones, se van estableciendo a lo largo del siglo XVIII todos los elementos de las corridas modernas. Se considera al rondeño Francisco Romero el padre del toreo moderno. Romero, fundador de una célebre dinastía, había tomado parte en las últimas corridas caballerescas. Inventó la muleta, dividió la lidia en tres tercios (varas, banderillas y muerte) y subordinó la cuadrilla a las exigencias del diestro. Sin embargo, será su hijo Juan Romero y sobre todo Pedro Romero (nieto de Francisco), Pepe-Hillo y Costillares, las primeras figuras conocidas, quienes ya en la década de los setenta del siglo XVIII impongan de forma definitiva su visión del toreo frente a la tradición navarra, muy semejante ya a la actual.

Una vez decantado el toreo en favor de la idea andaluza, surge una nueva disputa entre toreros andaluces a finales del siglo XVIII: los partidarios del estilo rondeño y los del sevillano. Ambos se basaban en el toreo con capa, pero discrepaban en la finalidad de la lidia: para los rondeños lo fundamental era la estocada, por lo que todo se supeditaba a la preparación de la muerte del toro. Cuantos menos capotazos mejor, para no agotar al toro y poderlo matar recibiendo (no conocían el volapié). En cambio, los sevillanos consideraban que lo importante era lucirse con la capa, mientras que la muerte era solo una forma de poner fin a la faena cuando el toro ya estaba agotado. Costillares inventó la verónica y el matar a volapié (fundamental, para poder dar muerte a toros aplomados tras numerosos pases). También logró supeditar la labor de los picadores a las necesidades de la lidia a pie.

Siglo XIX

El riojano Juanito Apiñani R., retratado por Goya en la serie La Tauromaquia, saltando con garrocha por encima del toro en la antigua plaza de Madrid.

Este primer periodo triunfal de la fiesta llega a su fin con la Guerra de la Independencia Española. Tras la guerra, retiradas o desaparecidas las grandes figuras anteriores, tiene lugar un periodo de decadencia de la fiesta. Pero en la década de 1830 aparece otra gran figura del toreo, "Paquiro", conocido como el «Napoleón de los toreros», quien une a la escuela rondeña y sevillana y demuestra que ambas son compatibles, es decir, que efectividad y brillantez pueden aunarse en la lidia. Le siguen "Cúchares", "Lagartijo" y "Frascuelo", quienes dieron a la corrida la estructura definitiva que se mantiene hasta el presente. Rafael Guerra "Guerrita", que se inició en la cuadrilla de Lagartijo, le sucedió como gran figura y dominó absolutamente la fiesta de los toros durante la última década del siglo XIX.

A mediados de este siglo, prácticamente, Argentina (país con tradición tauromáquica hasta ese entonces) prohíbe las corridas, sin que hayan vuelto a practicarse en este país, hasta el momento.

Siglo XX

Tras el dominio de Guerrita, retirado en 1899, se abrió un periodo de transición durante la primera década del siglo XX, con nombres tales como el mexicano Rodolfo Gaona, Rafael González "Machaquito" o Ricardo Torres "Bombita". Dieron paso a la llamada «época dorada» del toreo, que se extendió durante la década de 1910 a 1920 y que tuvo como máximas figuras a Juan Belmonte y a José Gómez "Joselito". Son unánimemente considerados los dos diestros más importantes del toreo moderno: Belmonte, como el creador de la estética moderna («parar, templar y mandar») y Joselito como el torero total, dominador de todas las suertes y de todos los aspectos de la tauromaquia (desde la idea de construir grandes plazas monumentales hasta los detalles de la selección del toro bravo), que aglutinó lo mejor del toreo antiguo y anunció la técnica que habría de imponerse en el futuro.

Posteriormente a la Guerra Civil Española se produce un potente resurgimiento del mundo taurino, especialmente gracias a la figura de Manolete, para muchos el más vertical de los toreros en la historia. De este auge siguen figuras como Luis Miguel Dominguín, el mexicano Carlos Arruza, Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida, Pepín Martín Vázquez, Miguel Báez "El Litri", Julio Aparicio y Agustín Parra "Parrita". Si bien esta época se cierra con el fallecimiento de Manolete en la tragedia de Linares, surge entonces otra famosa rivalidad taurina que apasiona al mundo taurino, la de Dominguín y Antonio Ordóñez.

Ya en los años cincuenta se alza la figura de particular elegancia del venezolano César Girón, quien lidera en dos ocasiones (1954 y 1956) el escalafón taurino en España, hazaña que repetiría su hermano Curro en 1959 y 1961. Destacan en los años sesenta, además del mencionado Curro Girón, toreros como Paco Camino, Santiago Martín "El Viti" y Diego Puerta, además de la sensación que causó el surgimiento del poco ortodoxo y revolucionario pero muy triunfador Manuel Benítez "El Cordobés". Las décadas de los setenta y ochenta son las de mayor expansión comercial del mundo de los toros, llegando a haber corrida incluso en el Astrodome de Houston (con la participación de El Cordobés) y un matador estadounidense, John Fulton[2]. Las grandes figuras de esta época son: Manolo Martínez, Eloy Cavazos, José Mari Manzanares, Pedro Gutiérrez Moya "El Niño de la Capea", Dámaso González, Francisco Rivera "Paquirri", Antoñete, Francisco Ruiz Miguel y Juan Antonio Ruiz "Espartaco", líder de la estadística en forma consecutiva desde 1985 hasta 1991.

Siglo XXI

Corridas de Toros en España:      Corridas de toros prohibidas.[3]      Sin prohinbición, pero históricamente las corridas no se realizan.      Corridas prohibidas, pero otras actividades donde se lidian toros protegidas por ley.[4]      Corridas legales, pero prohibidas en algunos lugares.[5]      Corridas legales.      Corridas legales y declaradas Bien de Interés Cultural o Patrimonio Cultural Inmaterial.[6][7]

Las nuevas figuras del toreo, algunas de ellas triunfadoras ya desde la década de 1990, presentan gran diversidad en su estilo y proyección: personalidades tan particulares y de técnica tan depurada como César Rincón, colombiano que abrió 5 veces la puerta grande de Madrid, Enrique Ponce, Julián López "El Juli", Manuel Jesús "El Cid", Cayetano Rivera Ordóñez, Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera, Morante de la Puebla, El Fandi, José María Manzanares o José Tomás, quién el 5 de junio de 2008 batió un récord de 36 años en la plaza de Las Ventas, al cortar las cuatro orejas de sus dos toros en una misma tarde,[8] han llevado el toreo al siglo XXI.

Participantes

Banderillero
Matador

Lidia a pie

Lidia
La salida en hombros es una recompensa tras una buena actuación.

El tipo de corrida más extendido actualmente, la corrida española, tiene como fin principal llevar el toro a muerte (en Portugal el espectáculo termina con la suerte de muleta) mediante la presentación de diversos lances de estilo coreográfico que el encargado de la lidia (torero, rejoneador) induce al toro de manera que parezca coordinada y permitan el lucimiento del mismo. Para este fin se ocasiona al astado pinchazos con instrumentos que varían en longitud y se distinguen por la intención de los mismos (las banderillas, además de ocasionar el sangrado en el toro, adquieren valor en cuanto adornos; las varas de pica, con una punta reglamentaria de 6 a 8 cm, se utilizan para dosificar la fuerza del toro y medir su bravura).

Si bien la corrida culmina casi siempre con la muerte del toro, que se causa con un estoque de dos, tres o hasta cuatro canales, que reglamentariamente tiene que ser menor de 80 cm y que el matador intenta clavar entre los omóplatos del toro para llegar al corazón y que la muerte sea instantánea. Habitualmente no se consigue a la primera, al necesitarse mucha precisión. Si no se consigue en dos o tres veces, se toma un estoque con un tope cerca de la punta y se clava entre las cervicales del toro, con el fin de cortar la médula espinal («descabello»). Si el toro cae pero no muere, un mozo le da la puntilla, con un puñal corto, del mismo modo que en el descabello. En ocasiones, donde el reglamento de la plaza lo permite y a petición del torero o el público, antes de dar muerte al toro, en casos de bravura y porte particularmente distintivos, el presidente de la corrida puede conceder el indulto del toro, en cuyo caso no se lo mata sino que se devuelve a los corrales para que regrese al campo como semental.

Por lo general en un evento taurino se lidian seis toros (casi siempre de una misma ganadería) por parte de tres matadores, aunque también se ofrecen eventos con dos matadores (llamados "mano a mano") eventos con cuatro, eventos de seis matadores (en los que corresponde un ejemplar a cada uno) o encierros con uno sólo matador. En el siglo XIX, las corridas podían tener muchos más matadores y toros.

Orden de la corrida

El torero Juan Bautista durante la corrida goyesca de la Feria du Riz en Arlés, 2010.

La corrida comienza con el paseíllo, en el que desfilan los matadores seguidos de sus cuadrillas y del personal de la plaza de toros.

Una corrida de toros se divide en tres partes, denominadas "tercios" y 2 suertes (de capote y de muleta):

  1. Tercio de varas. Durante el tercio de varas el matador torea con el capote y el toro recibe una serie de puyazos en el morrillo (zona abultada entre la nuca y el lomo del toro) por parte del picador. El objetivo de estos puyazos es medir la bravura del toro y su disposición a la embestida, además de dosificar la fuerza del toro para facilitar la posterior labor del matador. En la antigüedad era esta suerte la más esperada por los espectadores, siendo los toreros de a pie sólo auxiliares de esta labor, con el paso del tiempo estos últimos cobraron mayor fama entre la multitud y la lidia comenzó a girar en torno a su labor, pasando a ser los protagonistas del espectáculo ya a mediados del siglo XVIII, si bien la nobleza continuaba prefiriendo el toreo a caballo, de lo que se separó el toreo de rejones.

Durante muchos años los picadores eran tan protagonistas en un cartel como los maestros matadores. El castigo con la pica era y es indispensable para poder ejecutar adecuadamente la suerte del toreo. En 1928 una orden gobernativa hace obligatorio el uso de petos protectores para los caballos, terminando de esta forma con la primitiva suerte de varas. La ley surge con la intención de paliar la indefensión del caballo, que en muchas ocasiones resultaba malherido, e incluso podía morir, en su duelo con el toro. El peto acabó con estos desagradables incidentes, pero asimismo con un arte que se nutría de la destreza y valor del jinete. Los buenos picadores mantenían su cabalgadura ante el empuje del toro, intentando frenarlos solo al amparo de la fragilidad de una vara. Tarea ardua de conseguir pero que cuando se lograba, la suerte transmitía una emocionalidad y disfrute a los espectadores que ensalzaban la labor de los picadores. En la actualidad, la débil defensa se ha convertido en una fortaleza casi inexpugnable donde la bravura del toro se estrella inútilmente, permitiendo al picador aplicar el castigo sin tener que recurrir a la destreza, el arte o el valor. Esto ha convertido la suerte de varas en un mero trámite de la fiesta, muy criticada por el público, como lo demuestra el clamor que se genera en las plazas contra los picadores a los pocos segundos de ejecutar la pica. Si a esto le sumamos la brutal caída de la fiereza del toro……

Suerte de capote (más comúnmente conocido como "tercio de quites"). La faena a capote la desarrolla el torero para medir la embestida del toro así como su fuerza y disposición. Es más apreciada en América que en España. Existen diferentes estilos de uso indistinto en la lidia; los lances de verónica, chicuelina y las gaoneras (así llamadas por haberlas inventado el mexicano Rodolfo Gaona) son los de uso más común, si bien hay muchos otros.
  1. Tercio de banderillas. Durante este tercio los banderilleros clavan sobre el lomo del toro unos adornos llamados comúnmente banderillas o rehiletes (instrumentos consistentes en una vara de madera adornado con flecos de papel de colores con un arpón en la punta). La función de dichos instrumentos es la de avivar al animal, tras el tercio de varas, por el movimiento de las mismas. De ahí el término, menos conocido, de avivadores.
  2. Tercio de muerte. Durante este tercio tiene lugar el enfrentamiento del matador con el toro. El matador realiza la faena de la suerte de muleta y posteriormente le da muerte con el estoque.
Suerte de muleta. Esta suerte es solo efectuada por el matador de toros, pudiendo ser sustituido por el alternante de más antigüedad solo en caso de verse impedido a terminar el tercio si ha sufrido algún percance. Los lances más comunes son: el natural (abierto y con la mano izquierda) y el derechazo (con la derecha y la espada en el paño de la muleta para extender la superficie del mismo), además del remate de pecho.

Una vez que el matador ha demostrado su maestría con el toro, que para ahora está casi anulado, se prepara para matar. Este es el momento culminante de la lidia. El matador se asegura de que la posición del toro sea la ideal para la estocada, o sea con las patas delanteras juntas. Entonces se acerca al toro, se estira por encima de los cuernos y le clava el estoque entre los omóplatos, tratando al mismo tiempo de evitar cualquier sacudida repentina de los cuernos. La estocada perfecta corta la aorta y provoca la muerte casi instantánea del animal, si bien una mayoría de veces se precisan reintentos hasta acertar la arteria. En algunos casos se requiere el golpe de gracia en la nuca mediante el descabello y el puntillazo. Dependiendo de la calidad de la lidia se otorgan trofeos como las orejas y el rabo.

El toro

Toro de ganadería Sánchez Cobaleda.

El uro (la subespecie Bos primigenius primigenius), antepasado del actual ganado vacuno, desapareció de su último reducto en los bosques de Europa central en el siglo XVII. Los partidarios de la tauromaquia arguyen que, debido a la cría selectiva de toros de lidia, el toro salvaje español ha sobrevivido durante los últimos tres siglos. La principal diferencia entre un toro salvaje y uno doméstico es la manera de reaccionar cuando se ve amenazado. El toro bravo de origen español seguirá atacando sin cesar mientras algo o alguien se mueva en frente de él.

Sin embargo, la consideración del toro de lidia como una raza es controvertida: libros especializados[9] y ecologistas[10] cuestionan que se pueda dar al toro de lidia el estatus de raza debido a que las características que se conservan por selección varían de unas ganaderías a otras; además, las crías de toros bravos no nacen necesariamente bravas, ni los toros bravos tienen por qué tener progenitores bravos. Aún siendo una raza, el Gobierno de España descartó que esté en peligro de extinción si se prohíben las corridas de toros, ya que cada año se utilizan un número muy escaso[11] en espectáculos taurinos (únicamente 15 000 ejemplares en corridas y sueltas de vaquillas, de los 275 758 ejemplares existentes a fecha de 31 de julio de 2010).

La bravura es la esencia misma de la tauromaquia, razón por la que los ganaderos españoles tratan de mejorarla constantemente. Los toros llevan una existencia placentera[cita requerida] durante cuatro años hasta el momento decisivo en el que se ven empujados hacia la arena. Aunque antes de saltar a la arena el toro bravo nunca ha visto un matador ni un capote —de lo contrario, jamás olvidaría las técnicas empleadas y eso lo haría demasiado peligroso—, su instinto lo lleva a embestir el trapo que se mueve, sea del color que sea, ya que atacan el movimiento producido por el capote. Los toros son capaces de matar hasta en sus últimos momentos. En la década de 1980, el matador Yiyo, tras dar la estocada, fue embestido por el toro y uno de sus cuernos perforó mortalmente el corazón del torero.[cita requerida]

Toros célebres

  1. Azulejo. Corrida celebrada el 24 de junio de 1857. Recibió 23 varas de mano y mató 9 caballos.[12]
  2. Caramelo. 17 de junio de 1867. Recibió 27 varas de mano y mató 9 caballos.[13][14]
  3. Gordito. 26 de julio de 1869. Recibió 30 varas de mano y mató 21 caballos.[13][15]
  4. Libertado. 23 de diciembre de 1864. Recibió 36 varas de mano y mató 6 caballos.[13][16]
  5. Almendrito. 22 de agosto de 1876. Recibió 43 varas de mano.[13][17]

Lidia a caballo

Corrida de rejones.

Conocida también como corrida de rejones o rejoneadores. Se divide en los mismos tercios que la faena a pie, si bien la suerte de capote se sustituye por corridas del rejoneador frente a toros, de igual forma para medir su fuerza. Las banderillas las coloca el rejoneador desde el caballo, utilizando el rejón de muerte de esta misma forma. Además se colocan los rejones, adornados con diversas divisas y colores. Una vez muerto el toro, el público expresa su opinión sobre la faena, agitando en el aire un pañuelo blanco si ha sido de su agrado o "pitando" (emitiendo silbidos) en caso contrario. A petición del torero, antes de dar muerte al toro, y sólo en casos de extraordinaria bravura, porte y trapío, el presidente de la corrida puede conceder el indulto del toro, en cuyo caso no se mata al toro sino que se devuelve a los corrales para que regrese al campo como semental. Para el indulto se tiene muy en cuenta las veces que el toro asistió al caballo de picar. Una vez muerto el toro, este es arrastrado por unas mulas (el llamado "tiro de mulillas") hasta el desolladero.

Características locales

Península ibérica

Iberoamérica

Toreo "a la tica" en las Fiestas de Zapote
Corrida de toros en la Plaza Mayor de Chacas.

Matadores

Torero muerto, representación de Manet.
Cogida de un torero, Antonio Ferrera. En la mayoría de los casos las heridas por asta de toro se producen en la región antero-interna del muslo, en el Triángulo femoral o también conocido como el «triángulo de los toreros».

El estilo de los matadores de toros ha sufrido una notable evolución técnica y estética a lo largo de sus tres siglos de existencia como espectáculo moderno. Ha variado la técnica y la estética, a la par que el carácter de los toros, sin lo cual dicha evolución habría sido imposible. Se suelen distinguir dos grandes periodos: el de la vieja lidia (siglos XVIII y XIX), que finaliza a principios del siglo XX con Joselito y Belmonte, y la que se inicia a partir de ellos dos, en la llamada «edad de oro» (década de 1910). Hasta entonces, tiene gran importancia el primer tercio (varas) y mucho menos la faena de muleta. El estoque era también fundamental. Hay mucho movimiento de pies y poca quietud ya que, como sentenció Lagartijo, «o te quitas tú o te quita el toro». Posteriormente, con el nuevo toro que va siendo seleccionado a partir de Joselito, que se adapta mejor a los nuevos gustos del público, permite una lidia mucho más artística: va adquiriendo entonces gran importancia el tercio de muleta.

Dos tipos de toreros dividen a la afición: por un lado, los toreros técnicamente poderosos, que dominan en todas las suertes y mandan en todas las facetas. Joselito fue su paradigma. Por otro lado, una nueva estética, estilizada, que trata de acercarse más y torear con los pies quietos, con Belmonte a la cabeza.

La revolución técnica de Joselito y la estética de Belmonte se consolida durante la llamada edad de plata (desde la muerte de Joselito en 1920 hasta la guerra civil española). Pero fue Manolete quien llevó todos esos cambios a la máxima expresión tras la guerra civil y que, con los toros antiguos, solo podían realizarse muy de tarde en tarde. Supuso un antes y un después para los toreros, y marcó el camino a todos los matadores que le sucedieron, ya que aunó la quietud más absoluta con el toreo en redondo ligado con las manos por abajo, que sigue siendo actualmente el paradigma del buen toreo.

Críticas a las corridas de toros

Caminata en contra de las Corridas de Toros en Venezuela.

Las corridas de toros están prohibidas en muchos países. Este evento crea controversia en muchas partes del mundo, incluida España. Barcelona se declaró ciudad antitaurina en una declaración institucional aprobada por el pleno del Ayuntamiento de esa ciudad el 6 de abril de 2004, tras una petición popular con más de 245.000 firmas recogidas en todo el mundo. Barcelona se convirtió así en la primera gran ciudad española que se ha declarado antitaurina, siendo Tosa de Mar (Gerona) la primera ciudad en promover una iniciativa de este tipo, en 1989.[20] En julio de 2010, el Parlamento de Cataluña prohibió las corridas de toros en toda Cataluña.[21]

El 3 de mayo de 2013, en el estado mexicano de Sonora fueron prohibidas las corridas de toros después de una larga tradición taurina desde el periodo colonial,[22] lo que ha causado impacto dentro del país aficionado a las corridas de toros cuando grupos ambientalistas y diversos líderes políticos al interior del congreso del estado prohíben todo tipo de entretenimiento con animales, convirtiéndose en el primer estado mexicano en prohibir las corridas de toros.

Reacciones

Las reacciones a las corridas de toros son variadas. Muchas personas las consideran repulsivas, mientras que otras quedan fascinadas por ellas.

Como menciona la Enciclopedia Británica:

Casi todos los toreros son corneados con variado grado de seriedad por lo menos una vez por temporada. Belmonte (uno de los toreros más famosos de los años veinte) fue corneado más de 50 veces. De los aproximadamente 125 toreros principales (desde 1700), 42 murieron en la arena; esto no incluye a los toreros principiantes o a los banderilleros o los picadores que han sido muertos. A pesar de esto, más de 3000 toros son muertos ritualmente en las plazas de toros de España durante la temporada, y docenas de toreros arriesgan su vida varias veces por semana.

Controversia

Desde su nacimiento como espectáculo moderno, en el siglo XVIII, las corridas de toros han sufrido críticas, prohibiciones y han tenido que sortear numerosas dificultades. La nueva dinastía llegada a España (los Borbones), y en general la aristocracia afrancesada, despreciaba estos espectáculos por considerarlos indignos y propios del pueblo bajo, por lo que Felipe V prohibió su ejercicio a sus cortesanos (1723). Fernando VI solo consintió las corridas a cambio de que sus beneficios se destinasen a obras de caridad como sufragar hospitales y hospicios. De esta época son las primeras plazas de toros construidas como edificios permanentes, como la de Madrid o la de Zaragoza. Algunos intelectuales ilustrados, como Jovellanos, también criticaban estos espectáculos por considerarlos poco didácticos y una muestra del atraso español. Carlos III, influido por el Conde de Aranda, prohibió las corridas de toros en 1771. El pueblo, sin embargo, hizo caso omiso a la prohibición y siguió entregándose con entusiasmo a las nuevas figuras del toreo, que Francisco de Goya recogió en su serie de grabados sobre tauromaquia. Todos los gobernantes posteriores intentaron prohibir las corridas: Carlos IV volvió a hacerlo en 1805. Tras la Guerra de la Independencia Española, a lo largo del siglo XIX, surgía con frecuencia en el Parlamento Español el debate de la prohibición. La última vez fue en 1877, cuando el Marqués de San Carlos propuso a los diputados la prohibición de las corridas de toros. Se rechazó la propuesta pues se consideraba que sería demasiado impopular: era la época de Lagartijo y Frascuelo.

A partir de entonces no se ha abordado la prohibición directa, pero todos los regímenes posteriores (la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, el franquismo y la democracia) han puesto dificultades y las han tolerado a cambio de gravarlas con impuestos especialmente altos y mantenerlas bajo control (los toros dependían hasta 2012 del Ministerio del Interior, cuando pasan al de Cultura). En opinión del escritor taurino Domingo Delgado de la Cámara, «la Fiesta es una superviviente nata: siempre rodeada de enemigos, sólo se mantiene viva por el gran cariño que la profesa gran parte del pueblo español».[23]

Por otra parte, según una encuesta Gallup realizada en 2002, el 31% de los españoles se mostró muy o algo interesado en las corridas de toros mientras que un 68,8% no mostraba ningún interés. Sólo el 0,2% no mostró ninguna opinión al respecto. A principios de los años 70, los interesados en las corridas de toros eran el 55% de los españoles, en los 80 este colectivo representaba alrededor del 50%, mientras que en los 90 las cifras de aficionados se desplomaron, situándose en torno al 30%. Aunque las corridas de toros son un espectáculo conocido en toda España, su distribución regional no es uniforme, siendo Galicia y Cataluña las comunidades donde el interés es menor: manifestaron no tener ningún interés el 81% en el noreste y 79% en el noroeste. En la zona norte, centro, este y sur, el interés es mayor: alrededor de un 37% se declararon aficionados y un 63% no interesados.[24]

En 2006, según otro sondeo de Investiga (antes Gallup), un 26,7% de las personas encuestadas afirmaban estar algo o muy interesadas en las corridas de toros. El perfil de los aficionados es en su mayoría masculino (un 33,5% de los varones encuestados afirmó interesarle los toros) y de más de 45 años, alcanzándose el máximo interés entre las personas de 65 y más años, con un 41,1% de aficionados. El 72,1% de la población española afirmaba, en cambio, no tener ningún interés por los espectáculos taurinos. Este desinterés lo demostraron sobre todo las mujeres, con un 78,5%, y las personas con edades comprendidas entre 15 y 24 años, con un 81,7%.[25]

Existen discrepancias acerca de si en Canarias las corridas de toros están prohibidas por ley. La ley 8/1991 de 30 de abril señala que su objetivo es "la protección de los animales domésticos".[26] En opinión del presidente del gobierno autonómico de Canarias en aquel momento el toro de lidia no es un animal doméstico,[cita requerida] por otro lado, cabe destacar que para la ciencia, el toro de lidia no es una especie salvaje, sino domesticada,[27] y también que la propia ley expresa que "Se entiende por animales domésticos, a los efectos de esta Ley, aquellos que dependen de la mano del hombre para su subsistencia." Esto incluye irremediablemente a los toros.[28] No se han celebrado más corridas de toros desde entonces en Canarias, pero no es un dato relevante teniendo en cuenta que la afición a la tauromaquia en las islas es casi inexistente y que hacía siete años que no se celebraba una corrida de toros en Canarias cuando se aprobó dicha ley.[29]

En Cataluña, 453.000 firmantes de todo el mundo pidieron en 2005 que el Parlamento autonómico suprimiese la corridas de toros en esa comunidad. Sólo en Cataluña se recogieron 250.000 firmas en seis meses.[30] Sin embargo, en una encuesta publicada en 2007 en el diario El Mundo sobre la conveniencia o no de su prohibición, un 58% de españoles considera que no deben prohibirse, frente a un 33% que las prohibiría inmediatamente, con un 9% de indecisos.[31] El 28 de julio de 2010, el Parlamento de Cataluña aprobó la prohibición de llevar a cabo corridas de toros en Cataluña por 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones. Esta votación supuso la culminación de un proceso de iniciativa legislativa popular presentada ante las instituciones catalanas por la plataforma «Prou!», que contó con 180.000 adhesiones.[21]

De cualquier forma, la popularidad de las corridas de toros fuera de España ha aumentado: el 23 de octubre de 2004 se celebró la primera corrida de toros de Asia en Shanghái, con anuncios de corridas en Chongqing y en Pekín, y más de 13 millones de chinos ven las corridas de toros españolas por televisión.[32]

Francia reconoció en abril de 2011 a los toros como bien de interés cultural.[33]

Retransmisión

La Primera ha retransmitido históricamente corridas de toros durante el régimen franquista y, más tarde, durante la democracia. Estas retransmisiones cesaron el 14 de octubre de 2006, fecha a partir de la cual RTVE prohibió la emisión de toros en la televisión pública en los horarios de especial protección para la infancia (de 17:00 a 20:00 horas). Con el gobierno del PP, el 5 de septiembre de 2012 regresaban las retransmisiones a la televisión. Estas retransmisiones se emitieron también en directo en Cataluña y Canarias, regiones donde no está prohibida su emisión, puesto que la ley expresa la prohibición de la celebración de corridas de toros en ambas comunidades no de la difusión por medios como la televisión pública.

Véase también

Referencias

  1. Real Academia Española. rae.es, ed. «Corrida de toros según la RAE: Fiesta que consiste en lidiar cierto número de toros en una plaza cerrada. Consultado el 18 de agosto de 2013.
  2. John Fulton Is Dead at 65; Spain's First U.S. Matador
  3. Canarias fue la primera comunidad en prohibir los toros en 1991 rtve, 27.07.2010
  4. El Parlament blinda los 'correbous' dos meses después de prohibir los toros El Mundo, jueves 23/09/2010
  5. Rede de Municipios Galegos pola Abolición
  6. Madrid culmina la declaración como bien de interés cultural de la fiesta de los toros, El País, 7 ABR 2011
  7. La Tauromaquia ya es oficialmente Bien de Interés Cultural en Castilla y León - See more at: http://www.salamanca24horas.com/toros/107982-la-tauromaquia-bien-de-interes-cultural-en-castilla-y-leon#sthash.fuW4NYYv.dpuf Salamanca24horas 3 de abril de 2014
  8. burladero.com estadística
  9. Miguel A. Garcí a Dory, Silvio Martí nez Vicente y Fernando Orozco Piñán, Guía de campo de las razas autóctonas españolas (Madrid, editorial: Alianza Editorial, 1990), 228.

    El ganado de lidia constituye en España una heterogénea población bovina a la que es bastante dudoso integrar dentro de raza, ya que la única característica que se les puede asignar en común es su capacidad para mostrar un temperamento agresivo, que los aficionados a la fiesta de los toros llaman bravura... Por ello, es dudoso integrar esta diversa población bovina dentro del concepto de raza.

  10. [Presunta raza de lidia]. Anima Naturalis. Luis Gilpérez.
  11. «El Gobierno asegura que sin lidia el toro bravo no se extinguirá.» Público. Javier Salas. 31 de julio de 2010.
  12. Juan José Zaldivar Ortega, Toros notables. Libro I. Letra: A, El Puerto de Santa María, septiembre de 2008, pág. 190. Cfr. § 470.1 «Azulejo»
  13. 1 2 3 4 Quid (enciclopedia) Corrida - (enciclopedia franzesa; "offline" desde 25. marzo 2010)
  14. laplazareal.net, Caramelo
  15. laplazareal.net, Toros en El Puerto
  16. laplazareal.net, La Gacetilla Taurina, Nº 15 - 20 de Mayo 2005, La psicología del toro de lidia -I-
  17. La fiesta brava
  18. «Pasodoble Gallito». http://www.elrincondelpasodoble.com. Consultado el 3 de octubre de 2011.
  19. Asociación Centro Representativo Chacas. «Festividades en honor a la Virgen de la Asunción». Consultado el 2 de junio de 2012.
  20. Barcelona se proclama antitaurina sin el apoyo del PP y de parte del PSC, El Mundo, 7 de abril de 2004.
  21. 1 2 El Parlamento de Cataluña prohíbe las corridas de toros
  22. Sonra prohibe las corridas de toros.
  23. Domingo Delgado de la Cámara, Avatares históricos del toro de lidia, Madrid, Alianza Editorial, 2003, pág. 124.
  24. Interés por las corridas de toros, 2002, Encuesta del Instituto Gallup.
  25. INVESTIGA (antes Gallup). Pioneros en investigación de mercados y opinión. Estudios de acceso libre
  26. «Dieciocho años sin toros». Texto « Canarias al día» ignorado (ayuda); Texto « Press Release » ignorado (ayuda)
  27. «La cruda realidad del toro de Lidia». Archivado desde el original el 27 de noviembre de 2015. Texto «SINC» ignorado (ayuda)
  28. «BOC Nº 062. Lunes 13 de mayo de 1991 – 591». Texto « Boletín Oficial de Canarias» ignorado (ayuda)
  29. «Canarias prohibió los toros». Texto « La Vanguardia» ignorado (ayuda)
  30. Entregan casi medio millón de firmas contra los toros, El Mundo, 7 de abril de 2005.
  31. Casi la mitad quiere que se prohíba matar al toro en la plaza, El Mundo, 10 de enero de 2007.
  32. Opinión, El Mundo, 24 de diciembre de 2006.
  33. «Francia reconoce los toros como bien de interés cultural», El Mundo, 24 de abril de 2011.

Enlaces externos

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