Escribano

Antiguamente, se llamaba escribano al que por oficio público estaba autorizado para dar fe de las escrituras y demás actos que se desarrollaban ante él.

Historia

Escriba en el Codex Manesse.

La utilidad de la institución de los escribanos es igual a la importancia y aún necesidad de que se fije y conserve para siempre todo cuanto pasa en los juicios y se estipula en las convenciones. Ya en los pueblos antiguos se hubo de crear escribanos, aunque no con la autoridad que tuvieron posteriormente pues su intervención no daba carácter alguno de autenticidad legal a los contratos, los cuales recibían toda su fuerza del sello de las partes y de los testigos. Tales fueron los escribas de los hebreos, los argentarios de Atenas y otros oficiales de la misma clase. Los instrumentos que escribían no se consideraban sino como escritos privados y para ser validados, debían de presentarlos las partes -con asistencia de cierto número de testigos- al magistrado encargado de ponerles el sello público. Aristóteles en su obra La Política habla de las diversas magistraturas, indispensables o útiles para la sociedad, los menciona como otra clase de funcionarios encargada del registro de los actos que tienen lugar entre los particulares, y de las sentencias dictadas por los tribunales, siendo estos mismos los que deben actuar en los procedimientos y negocios judiciales. A veces esta magistratura se divide en otras muchas, pero sus atribuciones son siempre las mismas. Los que desempeñan estos cargos se llaman archiveros, escribanos, conservadores, o se designan con otro nombre semejante.

También estuvieron presentes en Roma, aunque la profesión de recibir los otorgamientos de los contratos se denominaba de diferentes formas:

Cada gobernador de provincia tenía a su lado uno de estos últimos oficiales para recibir, registrar y sellar los actos, como las emancipaciones, adopciones, manumisiones y testamentos. Todos los referidos oficiales eran ministros de los magistrados y todos redactaban los contratos y las sentencias. Los notarios escribían sus notas y las pasaban a los tabeliones que eran los únicos que tenían derecho de extender el instrumento sobre estas notas consideradas como simples borradores o minutas.

La profesión de los escribanos era por su naturaleza tan delicada como honorífica y respetable, pues que en ellos estaba depositada la fe pública. Así es que los griegos no admitían para ejercerla sino a sujetos distinguidos por su lealtad, su rectitud y su ciencia. No la estimaron en tanto los romanos, quienes para que nada costase al público la redacción de los contratos y de los procesos, confirieron el encargo de llenar estas funciones a los esclavos pertenecientes al cuerpo de cada ciudad, hasta que los emperadores Arcadio y Honorio las erigieron en cargos públicos que debían desempeñar gratuitamente por turno los ciudadanos y que llegando a ser demasiado gravosas hubieron por fin de darse como plazas o empleos a oficiales ministeriales adictos a los presidentes y gobernadores de provincias.[1]

Los escribanos en España

Escribas en el Codex Vigilanus, año 976 d. C.

En España, se celebraban antiguamente los contratos ante algún sacerdote, monje o religioso con asistencia de varios testigos de todas clases. El sacerdote redactaba la escritura y la firmaban todos los testigos o los que sabían por los que no sabían, estampando además el sello de sus armas o blasones los que le usaban y aún algunas veces se hacía todo en presencia de la justicia. Esta costumbre duró hasta los tiempos del rey don Alfonso el Sabio, quien con acuerdo de los tres estados o brazos del reino, creó los escribanos públicos y dispuso que en cada pueblo, cabeza de jurisdicción, se estableciese cierto número de ellos para autorizar las escrituras o instrumentos con asistencia de dos o tres testigos, señalándoles ciertos derechos por su trabajo. Se adoptaron también entre los españoles las denominaciones de los romanos y así se ha llamado a los escribanos tabeliones y cursores no precisamente porque hayan escrito tan aprisa como se habla, sino por la celeridad con que han debido practicar las diligencias que por los jueces se les confiaban. Ha estado vigente hasta hace poco el nombre de cartularios de la palabra carta que significaba en lo antiguo toda especie de escritura o instrumento y más especialmente el de actuarios con que se designan los escribanos ante quienes pasan los autos o se instruyen los procesos. Se llamaban igualmente secretarios no solo porque efectivamente lo eran de los jueces y magistrados cuyas órdenes y decretos redactaban, sino por razón del secreto que debían guardar en el desempeño de su oficio. La denominación de notarios ha estado y está siempre en uso por las notas o minutas que toman de lo que las partes tratan a su presencia a fin de ordenar luego y extender con la solemnidad y cláusulas de estilo los instrumentos.[1]

Tipos de escribanos públicos

Actualidad

En algunos países sigue utilizándose el título de Escribano.

Argentina

En Argentina existe el título de Escribano Público, con la misma actividad que la profesión de Notario en otros países. El título de Escribano es expedido por las universidades.

Para ello la persona debe estudiar escribania en una universidad o puede estudiar abogacía y después rendir las materias faltantes para obtener el título de escribano. Los dos títulos no se pueden ejercer conjuntamente. Es el estado quien inviste a dicha persona como Escribano con el cargo de titular o adscripto de un registro notarial.[3]

Existen colegios de escribanos en cada provincia y en la ciudad autónoma de Buenos Aires, los que regulan a los escribanos de dicha región.[3] Los escribanos celebran su día el 2 de octubre.

Paraguay

Igualmente se utiliza este título de Escribano en Paraguay.

Uruguay

En Uruguay se expide el título de Escribano Público, expedido por:

Antes de ser autorizados a ejercer, los egresados de la carrera deben prestar juramento ante la Suprema Corte de Justicia.

Enlaces externos

Referencias

  1. 1 2 Diccionario razonado de legislación y jurisprudencia, Joaquín Escriche, 1847
  2. Joaquín Escriche, Diccionario razonado de legislación y jurisprudencia, Calleja, 1847 vol. 1, pg. 728.
  3. 1 2 El Notario Argentino. «El escribano es un funcionario público». Archivado desde el original el 27 de noviembre de 2015. Consultado el 13 de febrero de 2012.
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