Meteorito

Meteorito metálico Cabin Creek.
Meteorito metálico Gibeon.

Un meteorito es un meteoroide que alcanza la superficie de un planeta debido a que no se desintegra por completo en la atmósfera. La luminosidad dejada al desintegrarse se denomina meteoro.

El término meteoro proviene del griego meteoron, que significa «fenómeno en el cielo». Se emplea para describir el destello luminoso que acompaña la caída de materia del sistema solar sobre la atmósfera terrestre. Dicho destello se produce por la incandescencia temporal que sufre el meteoroide a causa de la presión de choque (el aire atmosférico se comprime al chocar con el cuerpo y, al aumentar la presión, aumenta la temperatura, que se transfiere al meteoroide), no de la fricción.[1][2] Esto ocurre generalmente a alturas entre 80 y 110 kilómetros sobre la superficie de la Tierra.

Este término se emplea también en la palabra meteoroide con la que nos referimos a la propia partícula sin ninguna relación con el fenómeno que produce cuando entra en la atmósfera de la Tierra. Un meteoroide es materia que gira alrededor del Sol o cualquier objeto del espacio interplanetario que es demasiado pequeño para ser considerado como un asteroide o un cometa. Las partículas que son más pequeñas todavía reciben el nombre de micrometeoroides o granos de polvo estelar, lo que incluye cualquier materia interestelar que pudiera entrar en el sistema solar. Un meteorito es un meteoroide que alcanza la superficie de la Tierra sin que se haya vaporizado completamente.

Generalmente, un meteorito en la superficie de cualquier cuerpo celeste es un objeto que ha venido desde otra parte del espacio. Los meteoritos también se han encontrado en la Luna y Marte.


Los meteoritos cuya caída se produce delante de testigos o que se logran recuperar instantes después de ser observados durante su tránsito en la atmósfera son llamados 'caídas'. El resto de los meteoritos se conocen como hallazgos. A la fecha (mediados de 2006), existen aproximadamente 1050 caídas atestiguadas que produjeron especímenes en las diversas colecciones del mundo. En contraste, existen más de 31.000 hallazgos de meteoritos bien documentados.[3]

Los meteoritos se nombran siempre como el lugar en donde fueron encontrados,[4] generalmente una ciudad próxima o alguna característica geográfica. En los casos donde muchos meteoritos son encontrados en un mismo lugar, el nombre puede ser seguido por un número o una letra (ejemplo: Allan Hills 84001 o Dimmitt (b)).

Categorías

Tradicionalmente los meteoritos se han dividido en tres amplias categorías:

  1. Meteorito pedregoso (rocas), integradas principalmente por los minerales de silicato; aerolito o litito.
    1. Condrita
    2. Acondrita
  2. Meteorito metálico, se componen en gran parte de hierro-níquel; siderito.
  3. Meteorito pedregoso-metálico, que contienen grandes cantidades de material metálico y rocoso; litosiderito

Los modernos esquemas de clasificación dividen los meteoritos en grupos según su estructura, composición química e isotópica, y mineralogía.

Fenómeno de caída de meteoritos

El meteorito Neenach encontrado en Antelope Valley, California, Estados Unidos.

La mayoría de los meteoritos se desintegran al incorporarse en la atmósfera de la Tierra; no obstante, se estima que 100 meteoritos de diverso tamaño (desde pequeños guijarros hasta grandes rocas del tamaño de una pelota de baloncesto) entran en la superficie terrestre cada año; normalmente sólo 5 o 6 de éstos son recuperados y son descubiertos por científicos. Pocos meteoritos son lo bastante grandes para crear cráteres que evidencian un impacto. En vez de esto, sólo llegan a la superficie a su velocidad terminal (caída libre), y la mayoría tan solo crea un hoyo pequeño (véase:capacidad de penetración). Sin embargo, algunos de los meteoritos que caen han causado daño a inmuebles, ganado, e incluso a la gente.

Los grandes meteoroides podrían chocar con la Tierra con una fracción de su velocidad cósmica, originando un cráter de hipervelocidad de impacto. El tamaño y tipo del cráter dependerá del tamaño, de la composición, del grado de fragmentación, y del ángulo entrante del meteorito. La fuerza de tales colisiones tiene el potencial de causar una destrucción extensa.[5][6] Los choques a hipervelocidad más frecuentes, normalmente son causados por un meteorito metálico, los cuales son más resistentes y transitan intactos en la atmósfera terrestre. Algunos ejemplos de cráteres causados por meteoroides metálicos incluyen al cráter Barringer, los cráteres de Wabar, y el cráter de Wolfe Creek, ya que en estos cráteres se encontró un meteorito metálico o sus fragmentos. En contraste, incluso los cuerpos pedregosos o helados que son relativamente grandes (como los cometas pequeños o los asteroides) y que llegan a pesar millones de toneladas, son frenados en la atmósfera, y por lo tanto no hacen cráteres de impacto.[7] Aunque tales acontecimientos no son frecuentes, pueden provocar una considerable conmoción; el famoso evento de Tunguska probablemente resultó de tal incidente.

Grandes objetos pedregosos (de centenares de metros en diámetro o más y que logran pesar decenas de millones de toneladas o más) pueden alcanzar la superficie y causar grandes cráteres, sin embargo, estos son muy raros. Estos acontecimientos generalmente son tan enérgicos que el meteoro impactor se destruye por completo sin dejar ningún meteorito. (El primer vestigio de un meteorito pedregoso encontrado en asociación con un gran cráter de impacto fue el cráter de Morokweng en Sudáfrica,[8] descubierto en mayo de 2006).

Existen varios fenómenos bien documentados sobre caídas de meteoritos que fueron atestiguados, aun cuando estos fueron demasiado pequeños para producir cráteres de hipervelocidad.[9] La estela de fuego que se genera mientras el meteoroide pasa a través de la atmósfera puede lucir muy brillante, llegando a rivalizar en intensidad con el Sol, aunque la mayoría son muy difusos y no se pueden apreciar incluso durante la noche. Se han reportado avistamientos en diversos colores, que incluyen al amarillo, el verde y el rojo. Los flashes y las explosiones de luz pueden ocurrir mientras el objeto se desintegra. A menudo, durante las caídas de meteoritos se escuchan explosiones, detonaciones, y rugidos que pueden ser causadas por explosiones sónicas, así como ondas expansivas que resultan de la fragmentación del cuerpo. Estos sonidos pueden ser escuchados sobre amplias áreas que llegan a abarcar varios miles de kilómetros cuadrados. Otros sonidos que se producen pueden ser chiflidos y silbidos, pero son pobremente comprendidos. No es inusual que después del paso de la estela de fuego, en la atmósfera se rezague un rastro de polvo por cierto tiempo.

El meteorito Laguna Manatiales hallado en Santa Cruz, Argentina.

Mientras que los meteoroides se calientan durante su paso a través de la atmósfera, sus superficies se derriten y experimentan la ablación térmica. Durante este proceso pueden ser esculpidos en varias formas, dando por resultado profundas "huellas digitales", en forma de muescas sobre sus superficies llamadas los regmagliptos. Si el meteoroide mantiene una orientación fija por cierto tiempo sin tambalearse, puede desarrollar una "nariz en forma de cono" o una forma cónica. Al sufrir la desaceleración, la capa superficial fundida se solidifica en una fina corteza de fusión, la cual en la mayoría de los meteoritos es negra (en algunas acondritas, la corteza de fusión puede ser ligeramente rojiza). En los meteoritos pedregosos, la zona afectada por el calor tan solo abarca unos pocos milímetros de espesor; en los meteoritos metálicos (los cuales son mejores conductores de calor), la estructura de metal puede ser afectada por el calor hasta 1 centímetro debajo de la superficie. Se ha reportado que cuando aterrizan los meteoritos, son un poco cálidos al tacto, pero nunca son extremadamente calientes. No obstante, los informes varían grandemente, ya que algunos meteoritos que son avistados "quemándose" durante su aterrizaje, mientras que otros se avistan formando una capa de hielo sobre su superficie.

Los meteoroides que experimentan la fragmentación en la atmósfera pueden caer como una lluvia de meteoritos, las cuales pueden variar desde tan solo unas pocas rocas, hasta miles de guijarros. El área sobre la cual cae una lluvia de meteoritos se conoce como “campo de dispersión”. Los campos de dispersión comúnmente tienen forma elíptica, donde su eje mayor siempre es paralelo con la dirección de vuelo del meteoroide. En la mayoría de los casos, los meteoritos más grandes de una lluvia son encontrados un poco más lejos que el resto de las rocas dentro del campo de dispersión.

Tipos de meteoritos

Meteorito Phnom Penh (condrita L6)
Meteorito marciano ALH84001 (acondrita)
Meteorito pedregoso-metálico Pallasovka (pallasite)

Recuperación de meteoritos

Caídas

La mayoría de las caídas se recobran por avistamientos de las bolas de fuego o el descubrimiento del impacto en los suelos. Sin embargo, un pequeño número de estos se ha podido avistar con cámaras automáticas y se ha recobrado siguiendo una ruta calculada para el punto de impacto. El primero de estos fue el meteorito de Příbram, el cual cayó en esta ciudad de Checoslovaquia (ahora la República Checa) en 1959.[10] En este caso, se usaron dos cámaras para fotografiar meteoros y capturaron imágenes de la bola de fuego. Las imágenes fueron usadas para determinar la ubicación de las rocas en el suelo y más significativamente, para calcular por primera vez una órbita aproximada de un meteorito recuperado.

Después de la caída de Pribram, otros países establecieron programas de observación automatizada teniendo como objetivo estudiar el ingreso de los meteoritos. Uno de éstos fue la Red Prairie (Prairie Network), operada por el Observatorio Astrofísico Smithsoniano a desde 1963 hasta 1975 en el oeste de los EEUU, este programa también observó una caída de meteorito, el "Lost City chondrite", permitiendo su recuperación y un cálculo de su órbita.[11] Otro programa fue creado en Canadá, el Proyecto de Observación y Recuperación de Meteoritos (Meteorite Observation and Recovery Project) funciono de 1971 a 1985. Este también recuperó un solo meteorito, el Innisfree, en 1977.[12] Finalmente, observaciones operadas por la Red Europea de Bólidos (European Fireball Network, descendiente del programa Checo original que recuperó el Pribram), consiguió calcular y descubrir el meteorito de Neuschwanstein en 2002.[13] Recientemente la Red Española de Investigación sobre Bólidos y Meteoritos ha recuperado los meteoritos Villalbeto de la Peña y Puerto Lápice, las últimas dos caídas acaecidas en España [14] . Precisamente del estudio del vídeo y las fotografías obtenidas de la bola de fuego que produjo la caída del meteorito Villalbeto de la Peña también se obtuvo la órbita en el Sistema Solar[15] .

El 15 de febrero de 2013 cayó en los Montes Urales, Rusia. Un meteorito que medía de 15 a 17 metros y pesaba entre 7.000 y 10.000 toneladas. La bola incandescente provocó 1.200 heridos por la onda expansiva y daños económicos que superaron los 20 millones de euros.

Hallazgos

Hasta el siglo veinte, tan sólo algunos hallazgos de cientos de meteoritos habían sido realizados. De estos, el 80% fueron meteoritos metálicos y metalo-rocosos, que se distinguen fácilmente de las rocas terrestres. Hasta hoy en día, se descubren cada año pocos meteoritos rocosos que se puedan considerar como hallazgos "accidentales". Ahora existen más de 30.000 hallazgos de meteoritos en las colecciones del mundo que comenzaron con los descubrimientos de Harvey H. Nininger.

Campo del Cielo meteorite, El Chaco fragment, back2

Los grandes llanos de Estados Unidos

La estrategia de Nininger para buscar meteoritos fue buscar en los grandes llanos de los Estados Unidos, en donde la tierra fue en gran parte cultivada y el suelo contenía muy pocas rocas. Entre los años 20 y los 50, él viajó a través de la región, educando a la gente local sobre como lucían los meteoritos y qué hacer si ellos encontrasen uno; por ejemplo, durante el periodo de despejar un campo. El resultado fue el descubrimiento de más de 200 nuevos meteoritos, sobre todo del tipo pedregoso.[16]

Al final de los años 60, los grandes llanos del condado de Roosevelt en Nuevo México fueron un lugar particularmente bueno para encontrar meteoritos. Después del descubrimiento de algunos meteoritos en 1967, una campaña de conciencia pública dio lugar al hallazgo de casi 100 nuevos especímenes, donde muchos fueron encontrados por una sola persona, el Sr. Ivan Wilson. En total, fueron encontrados casi 140 meteoritos en la región desde 1967. En el área de los hallazgos, la tierra fue cubierta originalmente por una capa de tierra suelta. Durante un periodo de erosión, el suelo flojo fue descargado, saliendo de él todo tipo de rocas y meteoritos que estaban presentes en la superficie.[17]

Antártida

Entre 1912 y 1964, los grupos de búsqueda en la Antártida encontraron algunos meteoritos. Posteriormente, en 1969 la "Décima Expedición de Investigación Antártica Japonesa" encontró nueve meteoritos en un campo de hielo azul cerca de las montañas de Yamato. Con este descubrimiento, se descubrió que el movimiento de las hojas del hielo pudo actuar para concentrar los meteoritos en ciertas áreas. Después de que en 1973 fuese encontrada en el mismo lugar una docena de otros especímenes, se lanzó una expedición japonesa en 1974, dedicada a la búsqueda de meteoritos. Este equipo recuperó casi 700 meteoritos. Un poco después, los Estados Unidos comenzaron su propio programa para buscar meteoritos antárticos, operando a lo largo de las montañas Transantárticas en el otro lado del continente: el ANSMET (ANtarctic Search for METeorites, Búsqueda de Meteoritos en la Antártida). A finales de los ochenta, también los equipos europeos (comenzando con un consorcio llamado "EUROMET"); y la continuación de un programa italiano, el "Programma Nazionale di Ricerche in Antartide" también llevaron a cabo búsquedas sistemáticas de meteoritos antárticos. Recientemente, un programa chino, la Exploración Científica Antártica de China, ha conducido búsquedas altamente exitosas de meteoritos desde el año 2000. Los esfuerzos combinados de todas estas expediciones han producido más de 23.000 especímenes de meteoritos clasificados desde 1974, sin contar los millares que aún no se han clasificado. Para más información vea el artículo de Harvey (2003).[18]

Australia

Al mismo tiempo que las concentraciones de meteoritos eran descubiertas en el frío desierto de Antártida, los coleccionistas descubrieron que también podían ser encontrados muchos meteoritos es el cálido desierto de Australia. Algunas docenas de meteoritos se han encontrado en la región Nullarbor del oeste y sur de Australia. Búsquedas sistemáticas entre 1971 y el presente han recuperado 500 o más,[19] de los cuales aproximadamente 300 están bien clasificados. Los meteoritos pueden ser encontrados en esta región debido a que el suelo presenta una planicie cubierta de roca moldeada. En un clima extremadamente árido, ha habido relativamente muy poca sedimentación sobre la superficie por decenas de miles de años, permitiendo que los meteoritos se acumulen sin que sean enterrados o destruidos. Los meteoritos oscuros entonces pueden ser reconocidos entre los más pálidos guijarros y rocas terrestres.

El Sahara y la creciente comercialización

Entre 1986 y 1987, un equipo alemán que instalaba estaciones sísmicas para la exploración de mantos petrolíferos descubrió 65 meteoritos en una planicie del desierto a cerca de 100 km al sureste de Dirj (Daraj), Libia. Este fue el primer indicio de que un vasto número de meteoritos podían ser encontrados en ciertas partes del Sahara. Unos años más tarde, un ingeniero anónimo que era un fanático del desierto observó algunas fotografías de meteoritos encontradas en la Antártida, y recordó haber observado rocas similares en zonas que había recorrido al norte de África. En 1989, regresó a Argelia y recobró cerca de 100 meteoritos de por lo menos 5 localidades. En los siguientes 4 años, él y otros seguidores encontraron por lo menos 400 meteoritos más en las mismas locaciones, y en algunas nuevas áreas en Argelia y Libia. Los lugares donde encontraron los meteoritos eran en zonas conocidas como regs (desiertos) o hamadas, que son áreas planas cubiertas tan sólo por guijarros y pequeñas cantidades de arena.[20] En estos lugares, los meteoritos oscuros pueden ser avistados fácilmente, donde se han preservado muy bien debido al clima árido.

Aun cuando los meteoritos habían sido vendidos comercialmente y recogidos por aficionados durante muchas décadas, hasta la época de los hallazgos de Sahara a final de 1980 y principio de la década de los 90, la mayoría de los meteoritos fueron depositados o comprados por los museos y las instituciones similares donde fueron exhibidos y se hicieron disponibles para la investigación científica. Sin embargo, la rápida disponibilidad de una gran cantidad meteoritos que se podían encontrar con relativa facilidad en los lugares que eran fácilmente accesibles, llevó al rápido incremento de la colección comercial de meteoritos. Este proceso fue acelerado en 1997 cuando los meteoritos provenientes de la Luna y Marte fueron encontrados en Libia. Al final de la década de los años 90, se habían lanzado expediciones privadas de búsqueda de meteorito a través del Sahara. Aun así, algunos especímenes de meteoritos recuperados de esta manera también se depositan en colecciones para investigación, pero la mayoría del material se vende a los coleccionistas privados. Estas expediciones ahora han traído un número mayor de 2000 meteoritos clasificados encontrados en Argelia y Libia.

Cuando se corrió la voz en los países árabes sobre el beneficioso comercio de meteoritos, se crearon los primeros mercados de meteoritos, especialmente en Marruecos, apoyados por nómadas y gente local quienes escarbaron en el desierto en búsqueda de especímenes para vender. De esta manera, millares de meteoritos se han distribuido, de los cuales la mayoría no se tiene información sobre cómo, cuándo, o dónde se descubrieron. Estos son los llamados "Meteoritos del Noroeste de África".

Omán

En 1999, los cazadores de meteoritos descubrieron que el desierto al sur y el centro de Omán también era favorable para la recolección de muchos especímenes. Los llanos de grava en las regiones Dhofar y Al Wusta en Omán, al sur de los desiertos de arena de Rub al-Jali, habían rendido cerca de 2000 meteoritos a fecha de mediados de 2006. Entre éstos se incluyen una gran cantidad de meteoritos lunares (como el Dhofar 911) y marcianos (como el NWA 2737), haciendo de Omán una zona particularmente importante para los científicos y los coleccionistas. Las primeras expediciones en Omán fueron hechas principalmente por traficantes de meteoritos, no obstante los equipos internacionales, omaníes y científicos europeos ahora también han recogido especímenes.

Historia

El estudio moderno de los meteoritos empezó el año 1768 cuando cayó un meteorito en la localidad de Lucé en Francia.[21] Las circunstancias de dicho meteorito fueron descritas en detalle por el abate Bachelay quien entrevistó a lugareños que vieron la caída. El reporte resultante fue enviado a la Academia de Ciencias de Francia.[21] La academia respondió al llamado formando una comisión que investigó el meteorito. Tras análisis químicos esta comisión llegó a la conclusión correcta de que el meteorito contenía pirita pero explicó erróneamente que la corteza negra del meteorito se debía a que la roca había sido azotada por un relámpago.[21] El fallo de los científicos de la comisión influenció a naturalistas en toda Europa que tendieron a rechazar su origen en caídas.[21] Sin embargo esta acepción cambió tras observarse varias caídas de meteoritos en Europa entre 1789 y 1803.[21]

El primer caso moderno conocido de un meteorito espacial que golpea a una persona[22] ocurrió el 30 de noviembre de 1954 en Sylacauga, Alabama. El meteorito Sylacauga, una piedra condrita de 4 kilogramos,[23] atravesó la azotea y golpeó a Anna Hodges después de que entrara por su recámara y rebotara en su aparato de radio. Esto le provocó a la mujer una grave contusión en su cadera. Desde entonces, varias personas han afirmado[24] haber sido golpeados por "meteoritos", pero no se tiene constancia de que ningún meteorito lo haya hecho desde entonces.

Meteoritos famosos

Meteoro del bólido de Cheliábinsk avistado en Yekaterinburgo.

Meteoritos en la ficción

Véase también

Referencias

  1. «Meteors in Earth's Atmosphere» (en inglés). Consultado el 5 de enero de 2012.
  2. «What is a Meteor?» (en inglés). Consultado el 5 de enero de 2012.
  3. Meteoritical Bulletin Database
  4. Meteoritical Society Guidelines for Meteorite Nomenclature
  5. Chapman et al. (2001)
  6. Make your own impact at the University of Arizona
  7. Bland P.A. and Artemieva, N A. (2006) The rate of small impacts on Earth. Meteoritics and Planetary Science 41, 607-631.
    • Maier, W.D. et al. (2006) Discovery of a 25-cm asteroid clast in the giant Morokweng impact crater, South Africa. Nature 441, 203-206.
  8. Sears, D. W. (1978) The Nature and Origin of Meteorites, Oxford Univ. Press, New York.
  9. Ceplecha, Z. (1961) Multiple fall of Pribram meteorites photographed. Bull. Astron. Inst. Czechoslovakia, 12, 21-46 NASA ADS
  10. McCrosky, R.E. et al. (1971) J. Geophys. Res. 76, 4090-4108
  11. Campbell-Brown, M. D. and Hildebrand, A. (2005) A new analysis of fireball data from the Meteorite Observation and Recovery Project (MORP). Earth, Moon, and Planets 95, 489 - 499
    • Oberst, J. et al. (2004) The multiple meteorite fall of Neuschwanstein: Circumstances of the event and meteorite search campaigns. Meteoritics & Planetary Science 39, 1627-1641 NASA ADS.
    • Llorca, J. et al. (2005) The Villalbeto de la Peña meteorite fall: I. Fireball energy, meteorite recovery, strewn field and petrography. Meteoritics & Planetary Science 40, 795-804 NASA ADS.
    • Trigo-Rodríguez, J.M. et al. (2006) The Villalbeto de la Peña meteorite fall: II. Determination of the atmospheric trajectory and orbit. Meteoritics & Planetary Science 41, 505-517 NASA ADS.
  12. Huss, G.I. and Wilson, I.E. (1973) A census of the meteorites of Roosevely County, Nuevo México. Meteoritics 8, 287-290 NASA ADS
  13. Harvey, Ralph (2003) The origin and significance of Antarctic meteorites Chemie der Erde 63, 93-147
  14. Bevan, A.W.R. and Binns, R.A. (1989) Meteorites from the Nullarbor region, Western Australia: I. A review of past recoveries and a procedure for naming new finds. Meteorites 24, 127-133 nNASA ADS
  15. Bischoff A. and Geiger T. (1995) Meteorites from the Sahara: find locations, shock classification, degree of weathering and pairing. Meteoritics 30, 113-122. ADS
  16. 1 2 3 4 5 Smith, C., Russell, S. y Benedix, G. 2009. Meteorites. Natural History Museum, Londres. pp. 11-15.
  17. Meteorite Hits Page
  18. in the World Meteorite Catalogue Database at the Natural History Museum
  19. http://web.archive.org/20030411173556/home.earthlink.net/~magellon/news1.html
  20. Bonhams Auction of the Fukang Meteorite]
  21. Meteoritical Bulletin: Search the Database

Enlaces externos

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