Racionalismo progresivo

Según el Racionalismo progresivo, el bienestar y la calidad de vida a nivel global depende del cambio político basado en la razón.

Es progresivo en el sentido de que puede ser refutado y es un sistema de creencias racionalista puesto que estas están construidas, al menos en primer término, mediante certezas (la realidad es aquello, que cuando dejamos de creer en ella, no se desvanece) y no en mera creencias. Los racionalistas progresivos, por lo tanto verían a la corrupción y la fe como dos barreras a eliminar.

Se opone no solamente a los sistemas teocráticos y/o autoritarios de derechas, sino también al relativismo moral exhibido por la izquierda.

Se distingue de ambos de sus dos componentes independientes al afirmar que tanto el progresismo como el racionalismo son facilitadores indispensables para una sociedad floreciente.


Los racionalistas progresivos ven en la gobernanza democrática el mejor sistema político posible, y muchos de ellos suscriben adicionalmente el paternalismo libertario.

En gran parte son personas seglares, agnósticas o ateas, resultado lógico racional y su preocupación por el bienestar global hace que muchos de ellos aboguen por los derechos humanos y los derechos políticos y civiles, la conservación del medio ambiente y el bienestar animal.

Estos y otros valores derivan de su creencia fundacional en el cambio basado en la razón para mejorar.

Algunas personas conocidas que han inspirado el racionalismo progresivo son Sam Harris, por abogar por la razón, Julian Assange por exponer la corrupción o George Carlin por su crítica social.

Países que han llevado a cabo ideales del racionalismo progresivo son los escandinavos, algunos de los más avanzados en confianza política, agnosticismo y calidad de vida.

Véase también

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