Tartessos

Tartessos

Área aproximada de extensión e influencia de la civilización de Tartessos.
Información
Periodo histórico Edad del Bronce y Edad del Hierro
Raíz étnica

Preindoeuropeo

 Tartessos
Idioma Tartésico
Región Andalucía Occidental, sudoeste de la península ibérica
Correspondencia actual  España, Portugal
Pueblos relacionados Turdetanos
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Tartessos o Tartéside (griego: Τάρτησσος Tártēssos, latín: Tartessus) fue el nombre por el que los griegos conocían a la que creyeron primera civilización de Occidente. Posible heredera del Bronce final atlántico, se desarrolló en el triángulo formado por las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, en la costa suroeste de la península ibérica, durante el Bronce tardío y la primera Edad del Hierro. Se presume que tuvo por eje el río Tartessos, que pudo ser el que los romanos llamaron luego Betis (antes Oleum flumen = río de aceite) y los árabes Guadalquivir (que significa río grande). Sin embargo, hay autores que la sitúan en la confluencia de las bocas del Odiel con el Tinto (ría de Huelva), puesto que bajo la propia ciudad onubense es sabido que se hallan sepultados importantes restos. Influyó sobre las tierras del interior y el Algarve portugués. No faltan propuestas de una posible ubicación en las bocas del Guadiana o incluso en el Mar Menor, en el Delta del Ebro o en el Tajo. Los tartesios desarrollaron presumiblemente una lengua y escritura distinta a la de los pueblos vecinos y, en su fase final, tuvieron influencias culturales de egipcios y fenicios.

La primera fuente histórica que alude a Tartessos es la Historia de Heródoto, del siglo V a. C., que habla del rey Argantonio (significa Hombre de plata y se dice que gobernó cien años) y su incontable riqueza, sabiduría y generosidad. Una más tardía data del siglo IV d. C., del escritor romano Rufo Festo Avieno, que escribió una obra titulada Ora maritima, poema en el que se describen las costas mediterráneas. Según el poeta utilizó fuentes antiquísimas de autor desconocido, una de las cuales estaría fechada hacia el siglo IV a. C.. De ella Avieno dijo que era un «periplo», es decir, un viaje de navegación costera realizado por un marino griego o cartaginés, en el que partiendo de las costas de Britannia o de Cornualles (Inglaterra) llegó hasta Massalia (actual Marsella). Como resultado de aquel viaje se narran los lugares visitados por el desconocido marino, que proporciona las noticias más antiguas sobre la península ibérica.

Origen

Sobre el origen de la cultura tartesia se ha escrito mucho, a pesar de lo cual nada es seguro todavía. Entre las corrientes principales estarían la indigenista y la colonialista:

Sobre el origen de los propios tartesios, y en el marco de las teorías difusionistas tan en boga hasta los años 70 del siglo XX, se ha llegado a decir que llegaron a la península con los Pueblos del Mar, o incluso que pudieron ser pueblos indoeuropeos precursores de la cultura celta[2] o gentes procedentes de las estepas al norte del Cáucaso, que se asentaron sobre el sustrato prehistórico. O que podrían haber traído con ellos el neolítico y la agricultura, desde el Oriente Próximo[3] y originado la cultura argárica y la de los Campos de urnas.

Extensión

El núcleo original de la cultura tartesia comprende aproximadamente el territorio de las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz. Dos áreas especialmente importantes fueron los centros mineros de los ríos Tinto y Odiel y la llanura agropecuaria del Guadalquivir. Estas eran las zonas más intensamente pobladas y desde ellas la influencia tartesia se extendería durante el Bronce final y la Primera edad del hierro por buena parte del resto de Andalucía y Extremadura, así como el Algarve y el Alentejo portugueses.[4]

Algunos asentamientos importantes de la costa fueron Asta Regia, Nabrissa, Onoba y Ossonoba, mientras que en el interior se destacan Carmona, Carambolo, Sevilla, Tejada la Vieja y Setefilla.[5]

Cronología

Bronce tardío (1200 a. C.-900 a. C.)

Aparición de asentamientos estables en los que se aprecia una incipiente jerarquización social.[4] Los primeros poblados tartésicos datan de esta etapa final del Bronce. Están compuestos por casas de planta ovalada o circular, construidos sin una organización espacial definida. Se situaban en lugares estratégicos donde dominaban los caminos terrestres y los recursos agrícolas y mineros de la región.[6] Algunos de los asentamientos importantes de esta época son:

  • Setefilla (Sevilla)
  • Carmona (Sevilla)
  • Montemolín (Sevilla)

Etapa proto-orientalizante (900 a. C.-700 a. C.)

Todavía del Bronce final, hay un incremento de las piezas metálicas y de orfebrería, así como de la demografía. Los poblados conocidos por la arqueología, como El Carambolo, son de pequeño tamaño, con cabañas circulares u ovales cuyas paredes fueron levantadas con ramas y barro. La sociedad se fue estratificando, concentrándose el poder en unas élites militares cuya evidencia arqueológica son las estelas de guerrero.[4]

Por otro lado, sobre el 800 a. C. se advierten los primeros influjos tartésicos en Andalucía oriental además de intensificarse la explotación de plata a gran escala en la zona de Río Tinto.[7]

Etapa orientalizante (700 a. C.-650 a. C.)

Ya en la Edad del Hierro, coincide con el apogeo socio-cultural y construcción de murallas en algunos poblados como Tejada la Vieja. La fundación de los enclaves comerciales fenicios provocó un proceso de aculturación y adopción de técnicas como el torno de alfarero, las técnicas de filigrana y granulado en orfebrería, así como el gusto por los modelos suntuarios orientales. También en el mundo funerario se impuso la incineración sobre la inhumación.[4]

Etapa tardía (650 a. C.-500 a. C.).[4]

Caracterizada por el reinado del único monarca histórico: Argantonio. Sobre el año 600 a. C. los griegos focenses establecen colonias en Andalucía, como evidencia la numerosa presencia de objetos griegos en la cultura tartésica.[8] Con el avance de los persas sobre las ciudades griegas de Asia, Argantonio invitó a los focenses a asentarse en su reino definitivamente. Éstos rechazaron su oferta, por lo que les dio 1.500 kilos de plata para ayudar en la fortificación de su ciudad que, finalmente cayó. En la batalla de Alalia (535 a. C., Córcega) los griegos fueron derrotados por una coalición formada por cartagineses y etruscos, por lo que Tartessos se quedó sin un importante aliado comercial.

A finales del siglo VII a. C. y coincidiendo con la llegada de las primeras cerámicas griegas, en la región de Huelva se redujo la producción de plata y se abandonaron los centros metalúrgicos. En la segunda mitad del siguiente siglo Huelva entró en decadencia, mientras las murallas de Tejada fueron reforzadas. El comercio y las importaciones fenicias se redujeron drásticamente, desapareciendo las tumbas principescas del valle del Guadalquivir.[9]

Desaparición de Tartessos (500 a. C.)

Tartessos desapareció abruptamente de la historia: a partir de la batalla de Alalia no hay más referencias escritas. Una de las posibilidades es que fuera barrida por Cartago tras su victoria sobre los griegos para hacerle pagar así su alianza con éstos. O por Gadir, metrópolis fenicia que podía ambicionar el control del comercio de los metales. O quizás por los pueblos de la meseta.[10]

Pero también se han dado explicaciones de carácter económico: al conseguir Massalia acceder por tierra a las fuentes de estaño británicas y el mismo Gadir llegar a ellas por mar, el monopolio tartésico se derrumbaría, lo que habría provocado una caída en picado de los ingresos y toda una serie de consecuencias internas que llevarían a la decadencia interna del reino y a su disolución.[10] Asimismo se ha considerado la posibilidad del agotamiento de las vetas de minerales, fuente principal de su riqueza comercial.

De cualquier manera, los centros de poder político-económico se desplazaron hacia la periferia del área tartésica, concentrándose en oppida como Carmona o Cástulo, que darían lugar a los estados iberos turdetanos.[9]

Yacimientos

Maqueta de Cancho Roano.

Algunos yacimientos importantes que se podrían considerar tartésicos son:

El yacimiento de Cancho Roano, situado en Zalamea de la Serena (Badajoz), aún constituye una incógnita: es posible que fuera un palacio o un lugar de culto, o que cumpliera ambas funciones, además de mercado y santuario funerario. Sólo sus primeros estadios se asociarían con el mundo tartésico. Su estructura evidencia la influencia oriental sobre Tartessos: patio delantero con torres en las alas de tipo migdal, escalera lateral, sala transversal, habitaciones con cámara y antecámara, espacio central, almacenes, segunda planta destinada a almacén y vivienda, trazado geométrico, uso de adobe, pseudoortostatos y, muy probablemente, cubierta aterrazada. Estas fórmulas arquitectónicas apuntan a la zona norsiria y, quizás, de Fenicia septentrional más que a Mesopotamia, Siria meridional o Canaán, pues parecen derivar de los palacios norsirios de inicios del I milenio, cuyo elemento más característico es el bît-hilani o pórtico de columnas abierto a un salón del trono con su eje longitudinal paralelo a la fachada, pudiendo considerarse origen de la apadana persa y del iwan de la arquitectura sasánida y árabe.

Cerro Salomón fue un poblado minero establecido en el siglo VII a. C. en la cabecera del Río Tinto. En él se han encontrado herramientas mineras, lámparas, fuelles y crisoles. Sus habitantes extraían oro, plata y cobre, fundían el mineral y lo enviaban río abajo hasta Onuba (Huelva) en forma de lingotes o en bruto. Este puerto tartesio funcionaba como el centro de una red de asentamientos y en él también se realizaban actividades metalúrgicas. Otros asentamientos dedicados a la metalurgia y localizados en la cercanía de las minas serían San Bartolomé de Almonte y Peñalosa.[11]

Tejada la Vieja está situada en el municipio onubense de Escacena del Campo y estuvo habitada entre los siglos VIII y IV a. C. Controlaba la ruta que se utilizaba para llevar los minerales obtenidos en las minas de Aznalcóllar al puerto de Gadir.[11] Se conserva bien el perímetro amurallado y las estructuras de las viviendas.

Tartessos

Bronce tartésico conocido como «Bronce Carriazo», que representa a la diosa fenicia Astarté como diosa de las marismas y los esteros. El objeto se encuentra en el Museo Arqueológico de Sevilla y es una de las obras tartésicas más conocidas.

La primera referencia que se ha querido ver de Tartessos procede de su identificación con el nombre Tarshish que aparece mencionado en la Biblia, pero muchos autores consideran que se refiere más bien a algún puerto del Mar Rojo o a un tipo de nave que viajaba hacia esa zona.[12]

Para las fuentes griegas Tartessos era un estado gobernado por una monarquía instalada en un país rico en productos agrícolas, ganaderos y en minerales como el oro, la plata, el estaño y el hierro.[13] Pero no hay ninguna prueba de que existiera una ciudad llamada Tartessos, ya que no ha sido hallada ninguna que pueda ser identificada como tal. Las diferentes fuentes antiguas son a veces contradictorias entre sí y no ha sido posible hacerlas cuadrar con datos arqueológicos.[14]

Las fuentes clásicas y bizantinas indican que la capital estaría situada en el cauce del Tartessos/Guadalquivir, río que hasta bien entrada la época romana desembocaba en el lago Ligustino, colmatado actualmente y convertido en las marismas del bajo Guadalquivir. El Guadaíra, que hoy es un afluente del Guadalquivir, era un río independiente con cierta entidad y desembocaba justo en la confluencia de éste con el Ligustino. En la zona de la desembocadura había entonces varios brazos, alguno de los cuales formaba todavía dos lagunas sucesivas en la Sevilla del siglo XVI. Entre dichos brazos quedarían definidas varias islas, a las que se hace referencia en los escritos citados.

La llegada de los fenicios y su establecimiento en Gadir (actual Cádiz), tal vez estimuló su proyección sobre las tierras y ciudades del entorno, la intensificación de la explotación de las minas de cobre y plata (Tartessos se convirtió en el principal proveedor de bronce y plata del Mediterráneo), así como la navegación hasta las islas Casitérides (las Islas Británicas), de donde importaron parte del estaño necesario para la producción de bronce, que también obtenían por el lavado de arenas estanníferas.

Cerámica orientalizante Carmona (s. VII a.C)

Una hipótesis apoyada en algunas referencias clásicas es la identificación de Gádir con Tartessos.[15] Según esta teoría, Tartessos sería la denominación genérica de una región en la que la única urbe con entidad de la zona sería la Gádir fenicia. Ya que Gádir significa recinto amurallado, para poder indentificar claramente de dónde provenían las mercancías, los fenicios podrían haber comenzado a usar expresiones como «de la ciudad en Tartessos», provocando así la confusión en las fuentes. Esto sería coherente con el hecho de que existan fuentes que hablen de la ciudad y sin embargo no se encuentren restos arqueológicos de ella.

Interpretando el periplo de Avieno Adolf Schulten estuvo buscándola sin éxito en la desembocadura del Guadalquivir, en una isla entre dos brazos del río.[16] Su teoría sobre la ciudad de Tartessos fue muy polémica y muchos la tacharon de fantasiosa. Creyó que la ciudad podría estar en el coto de Doñana, siendo avalada esta tesis por el hallazgo de la Estela Tartésica de Villamanrique, ocurrido el 22 de marzo de 1978 en el paraje denominado Chillas (situado en Villamanrique de la Condesa, Sevilla, una localidad limítrofe con el Parque Nacional) por dos de sus vecinos (D. Manuel Zurita Chacón y D. Manuel Carrasco Díaz). Esta inscripción arqueológica en piedra única, del s. VI a. C., que nos documenta sobre la escritura indígena, se conserva en el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla.

José Chocomeli Galán buscó Tartessos en Asta Regia, en Mesas de Asta, donde las catas realizadas indican la existencia de un gran potencial arqueológico relacionado con una importante población tartésica.[16]

Siguiendo la hipótesis de Doñana, los investigadores del CSIC Sebastián Celestino y Juan Villarías Robles, el profesor de la Universidad de Huelva Antonio Rodríguez y el historiador Ángel León hicieron desde el verano de 2005 hasta el de 2008 una campaña geofísica, superficial y de fotografía aérea en la zona de la Marisma de Hinojos, donde fotografías satelitales y muestras del subsuelo sugieren que podrían haber restos antrópicos, desconociéndose por el momento su datación.[17][18][19] Durante la campaña de 2009 parece que se han iniciado los primeros sondeos arqueológicos, sin que por el momento se hayan publicado resultados de los mismos.

Sistema de gobierno

La tradición literaria clásica dice que su forma de gobierno era la monarquía y que poseían leyes escritas en verso en tablas de bronce desde tiempo inmemorial; Estrabón habla de 6.000 años antes de su época, una fecha que podría referirse en realidad a años o meses lunares (unos 500 años). Es posible que los fenicios propiciaran la concentración del poder en un rey, ya que de esa manera les resultaba más fácil establecer intercambios comerciales. Se puede dividir la monarquía de Tartessos en dos grandes grupos: los reyes mitológicos y los reyes históricos.

Reyes mitológicos

Sobre estos dos últimos monarcas se escribió la Tragicomedia de Gárgoris y Habis, que menciona un sistema social basado en la explotación del hombre por el hombre, nacido tras el descubrimiento de la agricultura. Se trata de personajes mitológicos, cuya existencia real es tan dudosa como la de Heracles.

Reyes históricos

Argantonio es el único rey del que se tienen referencias históricas. Según Heródoto vivió 120 años, de los cuales reinó 80. Schulten calculó que pudo reinar entre el 630 a. C. y el 550 a. C. Propició el comercio con los foceos durante 40 años para así romper el monopolio que ostentaban los fenicios. Llegó a ofrecerles a aquellos que emigraran a Occidente cuando los persas presionaban sobre las ciudades griegas de Jonia. Aunque rechazaron la oferta, recibieron de Argantonio un cargamento de plata para reforzar sus murallas. Después de él desaparecen las citas a Tartessos.[20]

Economía

La base fundamental de la riqueza de Tartessos fue la metalurgia y la exportación de los minerales de oro, plata, cobre, estaño, hierro y plomo. El oro abundaba en los ríos del sur y oeste peninsular. La plata en Huelva y el curso alto del Guadalquivir. El cobre y el estaño lo obtenían del occidente peninsular y británico. La metalurgia del hierro debió ser introducida por los fenicios, que la conocían gracias a sus relaciones con los hititas. Los centros metalúrgicos no solo estaban cerca de las áreas mineras, sino que aparecen repartidos por todo el territorio. Las herramientas se volvían a fundir una vez que se deterioraban.[21] Los procesos utilizados para obtener la plata consistían en la fundición y copelación de las rocas de gossan, lo que indica unos buenos conocimientos metalúrgicos.[11]

Las rutas comerciales fueron un factor clave para la economía tartésica. Sus barcos navegaban por el Atlántico hasta las actuales islas británicas y remontaban una buena parte del curso de los ríos Tartessos (Guadalquivir) y Anas (Guadiana). Utilizaban asimismo rutas terrestres que llegaban al Tajo y al centro de la meseta. Por todas ellas circulaban los lingotes metálicos, de forma rectangular, que después se exportaban al Oriente Próximo a través de los mercaderes fenicios y griegos.[21] Los principales beneficiarios de este comercio fueron estos mismos mercaderes, pero también las élites locales, que fomentaron el proceso de aculturación y el aumento de la jerarquización social, bien representados ambos en las tumbas principescas de la necrópolis de La Joya. A cambio de los metales, recibieron joyas, ungüentos, aceite y vino,[22] así como telas y otros productos manufacturados. Este trueque fue muy importante, ya que facilitó el intercambio de aspectos culturales y religiosos.

La agricultura, la ganadería y la pesca eran también muy importantes. Se especializaron sobre todo en el cultivo de cereales, usando las técnicas importadas de los fenicios, sin olvidar las huertas y los frutales.

Cultura material

En Tartessos se fabricaron abundantes objetos de metal que, por un lado, tenían influencia oriental, pero también una gran originalidad. En bronce destacan las jarras picudas, similares a las griegas, pero con forma piriforme en vez de ovoide. También se crearon asadores de más de un metro de longitud, fíbulas del tipo de codo o placas de cinturón con garfios; mención aparte merece el Bronce Carriazo, que representa a la diosa Astarté. De bronce o plata se elaboraban aguamaniles de forma circular con dos asas, elemento totalmente autóctono. La orfebrería en plata era muy abundante y en época turdetana se hacía con ella objetos vulgares como barreños o toneles. De origen autóctono es la técnica de embutido de metales que se realizaba con oro, plata o cobre. Los fenicios introducirían las técnicas del granulado y la soldadura. Los mejores ejemplos del nivel alcanzado por la joyería tartésica son las piezas correspondientes a los tesoros de Aliseda, el Carambolo y el cortijo de Ébora: pectorales, cinturones, diademas, brazaletes o pendientes, todo ello elaborado con oro macizo. También se encontraron unos candelabros de oro en Lebrija, que han sido interpretados como elementos rituales pertenecientes a algún templo, que quizás imitaran a los incensarios orientales.[23]

En marfil y hueso se fabricaron cajitas o arquetas de lujo para guardar perfumes o ungüentos. Con las conchas de la almeja del Guadalquivir se hicieron objetos de tocador labrados. La cerámica incluye piezas lisas, espatuladas, bruñidas o decoradas, pero siempre fabricadas a mano. Esta cerámica local coexistió con las importaciones orientales fabricadas con torno rápido, de pequeño tamaño y alta calidad, que también serían imitadas por los alfareros tartesios.[24]

También importaron de los talleres orientales o gaditanos artículos de prestigio manufacturados con marfil, oro y plata, vidrio tallado, jarros de bronce, estatuillas de este metal dedicadas a Astarté, aríbalos y alabastrones conteniendo esencias y cosméticos, tejidos, collares, cuentas de vidrio y baratijas.[25]

Religión

Hay muy pocos datos, pero se supone que, al igual que el resto de los pueblos del Mediterráneo, era también una religión politeísta. Se cree que pudieron adorar a una diosa producto de la aculturación de los fenicios, Astarté o Potnia. Pudo haber una divinidad fenicia masculina, Baal o Melkart. Se han encontrado santuarios de estilo fenicio en el yacimiento de Castulo (Linares, Jaén). Se han hallado exvotos en diversos puntos de Andalucía y en otros puntos más alejados, como Salamanca, que no se sabe exactamente de dónde provienen. En el aspecto religioso, la aculturación fenicia fue diferencial, no influyendo en todos los sitios por igual.

Idioma

Existe una serie de lápidas sepulcrales halladas en el Algarve, Alemtejo y bajo Guadalquivir que contienen inscripciones en un idioma desconocido pero que parece ser que es de tipo semisilábico y se escribe de derecha a izquierda. En ellas se ha querido ver una representación del idioma tartésico, del que parece que derivó la lengua hablada por los turdetanos, de los que dice Estrabón que tenían escritos y leyes con más de 6000 años de antigüedad.[26]

Interpretaciones

Según Aubet, el periodo «orientalizante» tartésico se ha de interpretar en el contexto de una élite indígena situada en la cúspide de una sociedad jerarquizada que dominaba sus propios recursos económicos. Enfrentada ante los exóticos estímulos socio-culturales que los fenicios les ofrecieron procedentes del levante, respondió adoptando su ideología e integrándose en sus circuitos comerciales, que abarcaban todo el Mediterráneo.[27]

Reproducción de la Estela de Bensafrim, mostrando una inscripción en lo que se cree es la lengua de Tartessos.

Referencias históricas

...un navío samio, que tenía por patrono a Colaios y que se dirigía hacia Egipto, fue arrojado fuera de su ruta a la isla de Platea; las samios confiaron todo el asunto a Corobios y le hicieron un depósito de víveres para un año. Ellos mismos, que, al partir de la isla, habían marchado con un enorme deseo de llegar a Egipto, navegaron fuera de su ruta, arrastrados por el viento del Este; y, sin dejar de soplar el viento, alcanzaron las columnas de Hércules y, conducidos por un dios, llegaron a Tartessos. Este lugar de comercio estaba sin explotar en esta época, de forma que, a su vuelta, estos samios realizaron con su cargamento el mayor beneficio que haya conseguido hasta ahora ningún griego, del que nosotros tengamos referencias exactas, si exceptuamos a Sóstrato, hijo de Laodamente de Egina, que ningún otro puede compararse con éste. De sus ganancias los samios dedujeron el diezmo, seis talentos y ordenaron fabricar un jarrón de bronce en forma crátera argólica.


[29]

El tratado está concebido en estos términos: «Sobre estas bases existe amistad entre los romanos y los aliados de los romanos con los cartagineses, tirios, uticenses y sus aliados. Más allá del Kalón Akrotérion y de Mastia de Tarsis, los romanos no podrán hacer presas ni comerciar ni fundar ciudades. Si los cartagineses se apoderasen de alguna ciudad del Lacio no sometida a los romanos, quedarán con el dinero y los cautivos pero dejarán la ciudad. Si los cartagineses se apoderasen de gentes con las cuales los romanos hubiesen pactado, aun cuando no estuviesen bajo el imperio de los romanos, no las llevarán a los puertos romanos y, si alguno fuera llevado y un romano se hiciera cargo de él, quedará libre. Lo mismo evitarán los cartagineses; si por el contrario, alguien lo hiciese, no se le perseguirá privadamente, sino que se considerará injuria pública. En Cerdeña y en Libia ningún romano comerciará ni establecerá poblados (ni se acercará), a no ser para aprovisionarse o para reparar sus naves. Si es llevado por una tempestad, en un plazo de cinco días debe marcharse. En la parte de Sicilia sometida a los cartagineses y en Cartago, un romano puede vender y hacer todo aquello que es lícito al ciudadano. Igual derecho tendrán los cartagineses en Roma».


[30]

Tartessos es un río en la tierra de los iberos, llegando al mar por dos bocas y que entre esas dos bocas se encuentra una ciudad de ese mismo nombre. El río, que es el más largo de Iberia y tiene marea, llamado en días más recientes Baetis.

Véase también

Notas y referencias

  1. Fullola, Josep Mª; Gurt, Josep Mª (1992). «La Prehistoria del Hombre.». Barcelona (primera edición) (Ed. Salvat). p. 89. ISBN 84-8031-012-X.
  2. Koch, J. T. Tartessian. Celtic in the South-west at the Dawn of History (Aberystwyth, 2009).
  3. Renfrew, C. Archaeology and Language: The Puzzle of Indo-European Origins. XIV, 346 S. Ill., Kt(Cape, London, 1988)
  4. 1 2 3 4 5 Eiroa García, Jorge Juan (2010). «Prehistoria del mundo». Barcelona (primera edición) (Sello Editorial SL). pp. 882–887,945–946,951. ISBN 978-84-937381-5-0.
  5. Aubet, Mª Eugenia (1994). «Tiro y las colonias fenicias de occidente». Barcelona (primera edición) (Crítica). p. 247. ISBN 84-7423-694-0.
  6. Wagner, Carlos G. «Tartessos y el Orientalizante Peninsular». Barcelona (primera edición). p. 8-22.
  7. http://www.historiayarqueologia.com/profiles/blogs/cronologia-de-tartessos-en-relaci-n-al-mediterr-neo-y-entorno CRONOLOGIA DE TARTESSOS EN RELACIÓN AL MEDITERRÁNEO Y ENTORNO. SONIA BARJA, mayo 8, 2012
  8. http://www.historiayarqueologia.com/profiles/blogs/cronologia-de-tartessos-en-relaci-n-al-mediterr-neo-y-entorno CRONOLOGIA DE TARTESSOS EN RELACIÓN AL MEDITERRÁNEO Y ENTORNO. SONIA BARJA, mayo 8, 2012
  9. 1 2 Aubet, Mª Eugenia. Tiro y las colonias fenicias de occidente. p. 294-295.
  10. 1 2 Maluquer de Motes, Juan (1990). «Tartessos». Barcelona (primera edición) (Ediciones Destino). pp. 129–140. ISBN 84-233-1893-1.
  11. 1 2 3 Aubet, Mª Eugenia. Tiro y las colonias fenicias de occidente. pp. 242–245.
  12. Aubet, Mª Eugenia. Tiro y las colonias fenicias de occidente. pp. 180–183.
  13. Maluquer de Motes, Juan. Tartessos. p. 10.
  14. Alvar, Jaime (1989). «Tartessos-ciudad = Cádiz. Apuntes para una posible identlficación». Gerión. Revista de Historia Antigua.
  15. Alvar, Jaime (1989). «Tartessos-ciudad = Cádiz. Apuntes para una posible identlficación». Gerión. Revista de Historia Antigua.
  16. 1 2 Maluquer de Motes, Juan. Tartessos. pp. 14–22.
  17. El País, 5 de mayo de 2007
  18. Resultados Investigaciones año 2007 - Doñana
  19. Resultados Investigaciones año 2008 - Doñana
  20. Maluquer de Motes, Juan. Tartessos. pp. 52–55.
  21. 1 2 Maluquer de Motes, Juan. Tartessos. pp. 141–150.
  22. Aubet, Mª Eugenia. Tiro y las colonias fenicias de occidente. p. 246.
  23. Maluquer de Motes, Juan. Tartessos. pp. 150–159,165–178.
  24. Maluquer de Motes, Juan. Tartessos. pp. 179–186.
  25. Aubet, Mª Eugenia. Tiro y las colonias fenicias de occidente. p. 248.
  26. Maluquer de Motes, Juan. Tartessos. pp. 187–205.
  27. Aubet, Mª Eugenia. Tiro y las colonias fenicias de occidente. p. 250.
  28. Pausanias, 6, 19, 2.
  29. Heródoto, Historias, IV, 152.
  30. Polibio, III, 24, 1.
  31. Blázquez, José María, Fuentes griegas y romanas referentes a Tartessos, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Bibliografía

Enlaces externos

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