Tiempo del Ruido

Tiempo del Ruido es el nombre que recibió el fenómeno ocurrido a las 22:00 del 9 de marzo de 1687 en la entonces villa de Santafé de Bogotá y sus alrededores (en el Virreinato de la Nueva Granada).

Se caracterizó por un ruido misterioso y fortísimo de origen desconocido, acompañado de un intenso olor a azufre (que se extendió durante varios días), con una duración aproximada de 15 minutos, que generó pánico colectivo en los habitantes de la ciudad.[1]

El suceso

Cerca de las 22:00, cuando la mayor parte de los habitantes de la ciudad dormía, se escuchó un ensordecedor ruido que se prolongó por unos 15 minutos, acompañado de olor a azufre. De inmediato los habitantes de la ciudad colonial entraron en pánico y huyeron de sus casas con ropas de dormir por las calles destapadas. La mayoría se refugió en los claustros religiosos, donde permanecieron orando y ayunando varios días temiendo la llegada de una legión de demonios o del Juicio Final. El presidente colonial Gil Cabrera Dávalos dirigió una expedición militar hacia las afueras de la ciudad, donde al parecer se sintió más fuertemente el extraño fenómeno. El ensordecedor ruido terminó aquella misma noche y nunca más se volvió a presentar, mientras que el hedor azufrado permaneció durante algunos días más sobre la sabana de Bogotá. Durante muchos años posteriores, cada 9 de marzo se destapaban los sacramentos y se tomaba como una festividad religiosa en Santafé de Bogotá. La expresión «Tiempo del Ruido» se forjó dentro de la jerga de los habitantes del Virreinato de la Nueva Granada (actual Colombia).

El hecho fue informado por el sacerdote jesuita Pedro de Mercado S. J.[2] y difundido por los sacerdotes jesuitas Juan Ribero (1728) y Joseph Cassani (1741), y por la tradición oral bogotana.[3]

Hipótesis

Legión de demonios

El desconcertante ruido, su duración y el olor a azufre hicieron pensar a eruditos y al pueblo llano que se trataba de una manifestación demoníaca propia del final de los tiempos.

Origen tectónico

Siete meses después del Tiempo del Ruido (del 9 de marzo de 1687) sucedieron los terremotos del 20 de octubre de 1687 en Lima (Perú). Algunos escritores trataron de buscar una relación entre ambos sucesos.

Erupción volcánica

La erupción de un volcán en la cordillera central, como el volcán Machín, o alguno de los cráteres del volcán Nevado del Ruiz explicaría una parte importante del fenómeno descrito en las crónicas. En primer lugar, el olor azufrado fácilmente alcanzaría una distancia como la que separa la cordillera central de la ciudad (140 km en línea recta). De hecho, cuando en 1985 el cráter Arenas del Nevado del Ruiz hizo la erupción que destruyó el pueblo de Armero, sus cenizas alcanzaron más de 500 km y el olor azufrado fue percibido por habitantes de diferentes municipios de Boyacá, Antioquia y Cundinamarca a distancias incluso superiores; pero las cenizas no cayeron en forma homogénea en sus alrededores, pues al sur de Antioquia no se percibieron pese a encontrarse a distancias inferiores a 100 km, tampoco otras zonas más próximas al nevado que sí fueron afectadas por el hedor azufrado como el departamento del Quindío. Otras famosas erupciones volcánicas como la del volcán Krakatoa (cerca de la isla de Java) se escucharon a más de 3500 km, mientras que la del monte Santa Helena (en el estado de Washington) se escuchó en British Columbia, Montana, Idaho y el norte de California.

Meteoroide

Un meteoroide (pequeño asteroide) es un fenómeno frecuente y que también explicaría casi todos los fenómenos relatados. Freddy Moreno, especialista en Astronomía, plantea que debido a la gran velocidad de estos cuerpos se generan intensas ondas de choque. En algunos casos, se han informado olores intensos, que los testigos comentan siempre como de tipo «azufrado».[cita requerida] La falta de fenómeno luminoso se explicaría por la misma estadística que informa que en estos casos solo el 55 % de las personas perciben el fenómeno luminoso.[cita requerida] Pero la mejor prueba de que el ruido escuchado en Bogotá en 1687 es la similitud con el fenómeno sónico sentido en Chelyabinsk el 15 de febrero de 2013. La onda sónica no solo sorprendió a los habitantes de esta región de los Urales, sino que causó heridas a más de un millar de ellos debido a la rompimiento de los vidrios que causó la explosión sónica, producida por el paso del meteoroide a más de veinte kilómetros sobre los cielos de esta ciudad rusa. Este fenómeno también causó la caída de un muro en una fábrica de zinc, un pequeño temblor y detección de ondas de infrasonido en lugares apartados de Rusia.

Conclusión

El Tiempo del Ruido hasta ahora había sido una anécdota inexplicada de la historia de Colombia. Nuevos descubrimientos y un estudio profundo del fenómeno descrito puede llevarnos a comprender lo que posiblemente sucedió. El ingreso de un meteoroide o la erupción de cualquier volcán en la cordillera central han sido las hipótesis más aceptadas por los científicos.

En el Boletín de Historia y Antigüedades (n.º 839) de la Academia Colombiana de Historia se publicó la traducción del informe original del fenómeno del ruido, hecho por el jesuita Pedro de Mercado y otros en 1691.[1][3]

La cercanía de este manuscrito a la fecha del fenómeno sentido en Santafé, ayuda a confirmarlo y deja fuera de duda los hechos y situaciones descritas en los informes de Ribero (1728) y Cassani (1741) quienes se sirvieron de él para sus posteriores informes. En el manuscrito de Mercado (1691).

En Lewis (1996) hay numerosos informes que coinciden con muchos de los fenómenos descritos por Mercado. El olor a azufre es otro de los síntomas del paso de meteoroide y está apoyado por incontables informes (Lewis,1996).

Sin embargo los cronistas son claros cuando se refieren a que el ruido se percibió por al menos 20-30 minutos. Si se tiene en cuenta que la velocidad de penetración de un cuerpo espacial es de 6 km/seg se hace imposible que las ondas de choque por rozamiento atmosférico sean percibidas desde un mismo punto como era la ciudad de Santa Fe de Bogotá durante tanto tiempo, además en ningún caso se menciona un solo testimonio que percibiera el fenómeno luminoso y tampoco hay una zona de impacto como en el caso Tunguska.

En contra de la hipótesis volcánica a se presenta el hecho de que los cronistas no relaten lluvias de cenizas, ni daños materiales y que en el libro "La historia de los terremotos en Colombia" donde se hace referencia de sismos en los años 1610, 1621, 1625, 1643, 1644, 1697 y 1698 no aparece informado un sismo de origen tectónico ni volcánico en esta fecha. En los tres informes del ruido de 1687 Mercado (1691), Rivero y Cassani (1741) no existe ningún relato que permita creer que hubo caída de cenizas en Bogotá.

Bibliografía

Referencias

  1. 1 2 3 Moreno Cárdenas, Freddy (2007): «Nuevos aportes para la explicación del misterioso y portentoso ruido escuchado en Santa Fe de Bogotá el 9 de marzo de 1687», artículo de agosto-diciembre de 2007 en la revista El Astrolabio, volumen 6, número 2.
  2. «Santafé de Bogotá, 9 de marzo de 1687: Un domingo a las diez de la noche: La narración de Pedro de Mercado», artículo en el sitio web El Fin del Mundo en Bogotá.
  3. 1 2 «El tiempo del ruido, el fenómeno que sacudió a la sociedad colonial bogotana en 1687», artículo del 19 de agosto de 2011 en el sitio web Denunciando.

Enlaces externos

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